Este artículo no es una queja. Es un aviso para cegatos emocionales: Si no entiendes la relación entre la salud y la empresa, es que nunca has tenido una empresa de verdad.
La logoterapia aplicada a la empresa es, en el fondo, una vacuna contra la mediocridad y el cortoplacismo.
Hoy vamos a jugar con esas frases que circulan como dogmas en el mundo empresarial. Algunas merecen ser enmarcadas en oro.
No pido un Estado mínimo por capricho. Lo pido porque he comprobado que el único modelo sostenible es aquel en el que el Estado actúa como un cliente de élite.
La vida empresarial es así de cruda: productividad o milongas. Y yo, lo siento mucho, pero de milongas no pago nóminas.
Hay libros que te acompañan de por vida y que no se leen, se respiran. Uno de ellos es El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl.
Afilar el hacha es la metáfora perfecta para hablar de preparación, planificación y estrategia; es entender que el tiempo invertido en formarte, en probar herramientas, en ensayar y medir.
¿Tú te haces trampas al solitario? Una pregunta incómoda, pero necesaria. Porque en los negocios —y en la vida— el autoengaño es la trampa más cruel de todas.
En los años 90 y hasta bien entrado 2008, ser visitador médico era sinónimo de ganar mucha pasta.
En la empresa, los refranes también mandan. Tolerar empleados tóxicos es un error que destruye equipos, cultura y resultados. La clave está en detectar a tiempo, actuar con firmeza y elegir siempre el talento leal frente a la toxicidad.









