Empresas
El hombre en busca del sentido. Viktor Frankl

El sentido como motor de la empresa.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre como el libro «El hombre en busca del sentido» de Viktor Frankl le marcó y cómo lo aplica al mundo empresarial, publicado el 24 de septiembre de 2025.

Hay libros que trascienden el tiempo y las modas, y que se convierten en brújulas vitales.

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?

Hay libros que te acompañan de por vida y que no se leen, se respiran. Uno de ellos es El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl. Escrito desde el horror de los campos de concentración nazis, no es un tratado filosófico ni psicológico al uso: es un testimonio desnudo sobre la condición humana. Y, paradójicamente, es también una guía de supervivencia para empresarios y autónomos en este mundo empresarial tan despiadado como incierto.

Frankl descubrió que al ser humano se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la libertad de elegir su actitud. Incluso en Auschwitz, donde la vida no valía nada, había dos “razas” de hombres: los decentes y los indecentes. Ni más ni menos. Esa frontera no pasa entre ideologías, nacionalidades o religiones, sino por el interior de cada persona.

Ahora bien, traslademos esta idea al ecosistema empresarial. Porque la empresa, aunque no sea un campo de concentración, también es un terreno donde se mide la verdadera talla humana. Hay empresarios que levantan proyectos sólidos, generan empleo, cumplen su palabra y no traicionan la confianza. Y hay otros que viven del engaño, del pelotazo rápido, de la letra pequeña que arruina a socios, clientes y empleados. En definitiva: decencia o indecencia. No hay matices.

Lo brillante de Frankl es que su mensaje nos despoja de excusas. Igual que los prisioneros podían decidir ser humanos en medio del horror, cada empresario, cada autónomo, cada directivo, puede decidir cómo actúa en su día a día. Nadie puede justificarse en “el mercado”, en “las circunstancias” o en “la crisis”: al final todo se reduce a la decisión personal de actuar con integridad o con mezquindad.

Y hay otra lección esencial: el ser humano necesita un propósito. El prisionero que tenía a alguien a quien volver a ver, un trabajo pendiente o incluso un sufrimiento al que dar sentido, resistía más. En la empresa ocurre lo mismo: los proyectos que trascienden la cuenta de resultados son los que perduran. Un equipo sin propósito es un barco a la deriva; una organización con sentido navega incluso en medio de la tormenta.

Hoy vivimos tiempos de incertidumbre, crisis y cambios tecnológicos vertiginosos. Y es ahí, en la adversidad, donde se revela la madera de cada uno. Como decía Frankl: “El hombre es el que inventó las cámaras de gas, pero también es el que entró en ellas rezando”. En nuestro lenguaje: el empresario puede ser quien destruye con trampas, o quien construye futuro con dignidad. La elección está en cada contrato, en cada nómina, en cada trato.

Por eso, en la empresa como en la vida, no hay que buscar atajos ni coartadas. Lo que diferencia a un empresario de paso de un verdadero líder no son las cifras, sino la capacidad de dar sentido, de mantener la decencia, de elegir la actitud correcta cuando todo se pone en contra. Ese es el legado que vale.

¡Se me tecnologizan!

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.