Cumplo cuarenta años como empresario. Lo escribo y hasta a mí me cuesta creerlo. Cuarenta años desde aquel 1986 en el que, con 21 años, decidí fundar mi primera empresa.
Cumplo cuarenta años como empresario. Lo escribo y hasta a mí me cuesta creerlo. Cuarenta años desde aquel 1986 en el que, con 21 años, decidí fundar mi primera empresa.
La comunidad china es, ahora mismo, la única nacionalidad extranjera en España con más autónomos que asalariados.
Las personas que han perdido todo, el negocio, el dinero, la pareja, la reputación, y han vuelto a levantarse, llevan algo distinto en la mirada.
Vivimos en la era del “todo ahora”: comida a domicilio en 10 minutos, series que se devoran en una noche, compras con un clic y dopamina a granel desde el sofá.
Tengo un amigo marine estadounidense. Y su historia, más que un relato militar, es un manual de motivación que cualquier empresario o directivo debería leer.
El Aleador vive instalado en la ilusión del movimiento. Da la impresión de estar en todo, cuando en realidad no está en nada.
En el mundo del autónomo hay una pregunta que pesa más que cualquier factura: ¿dónde estaban cuando dolía de verdad?
En la empresa, el empresario es el que arruina a sus socios con trampas, pero también el que levanta empleo sólido, el que no cede a la tentación fácil y el que hace de su trayectoria una lección de integridad
Hay una nueva plaga digital que no necesita ni patógenos ni murciélagos: los smoke sellers, esos vendedores de humo disfrazados de gurús del éxito.