La oda del león y la gacela aplicada a los negocios y a la empresa
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía sobre enfoques estratégicos en los negocios, publicado el 16 de agosto de 2025.
¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
Cada mañana en África, se despierta una gacela. Sabe que deberá correr más rápido que el león más veloz si quiere sobrevivir. Cada mañana en África, se despierta un león. Sabe que deberá correr más rápido que la gacela más lenta si no quiere morir de hambre.
No importa si eres león o gacela: cuando el sol sale, más te vale estar corriendo.
Este relato —que algunos atribuyen a proverbios africanos y otros a viejos manuales de management de los ochenta— condensa la esencia más brutal y verdadera de la supervivencia empresarial. En el mundo de la empresa, como en la sabana, no gana el más fuerte ni el más listo: gana el que corre cada día. Y no vale correr una vez. Hay que correr siempre.
En los negocios puedes ser un león: ambicioso, depredador, con hambre de mercado, acechando oportunidades. O puedes ser una gacela: ágil, precavida, rápida, mirando siempre por el retrovisor. Pero tanto uno como otro saben que el que se para, muere. El que se duerme en los laureles, se convierte en menú del día para la competencia.
En este ecosistema llamado mercado, la comodidad es una trampa, la rutina es un veneno dulce y la falta de adaptación, una sentencia de muerte. El mundo cambia, las reglas cambian, los consumidores cambian. Y si tú no cambias, te cambian.
Hay empresas que nacieron leones y se convirtieron en paquidermos dormidos. Hay gacelas que aprendieron a colaborar entre sí y, juntas, despistaron al más fiero de los depredadores. También hay leones jóvenes que no respetan la jerarquía de la manada y fundan sus propias empresas cazando al amanecer. La clave no es el rol, es la actitud.
La oda del león y la gacela nos recuerda que la resiliencia, la constancia, la vigilancia y el hambre (sí, el hambre) siguen siendo los activos más importantes. El talento sin trabajo es solo ego. La estrategia sin ejecución es solo PowerPoint. Y la ventaja competitiva sin acción… se convierte en un bonito recuerdo.
En definitiva: no importa lo que fuiste ayer, importa lo que estás haciendo hoy. Porque allá fuera, alguien se está entrenando para comerte… o para adelantarte.
Así que, amigo tecnófilo: corre. Aunque no veas al león. Aunque no escuches a la gacela. Corre igual. Porque el que se detiene… ya ha perdido.
¡Se me tecnologizan!
