No te hagas trampas al solitario
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre cómo el autoengaño y hacerse «trampas al solitario» no funcionan en los negocios, publicado el 8 de septiembre de 2025.
¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
¿Tú te haces trampas al solitario? Una pregunta incómoda, pero necesaria. Porque en los negocios —y en la vida— el autoengaño es la trampa más cruel de todas. No hay enemigo peor que el que te susurra que vas bien cuando en realidad vas directo al precipicio.
Muchos empresarios fracasan no por falta de talento, sino porque se convierten en maestros del autoengaño. Se dicen a sí mismos que el producto “ya está casi listo” cuando lleva un año en pruebas. Se convencen de que “este trimestre remontamos” aunque los números griten lo contrario. Se rodean de palmeros en lugar de socios leales que les digan la verdad.
El solitario, por definición, es un juego en el que tú eres tu único contrincante. Hacerte trampas ahí es la metáfora perfecta del empresario que vive de relatos y no de datos. Y lo sabemos: el dato mata el relato.
El buen empresario se mide por su capacidad de enfrentarse al espejo sin filtros. La contabilidad no miente, el mercado no perdona y el cliente no se engaña. El que sobrevive es el que se atreve a reconocer que ha errado, que necesita cambiar, que debe parar o girar el timón antes de hundirse. El que no se hace trampas.
En definitiva: puedes engañar al inversor, al proveedor, incluso al cliente durante un tiempo. Pero al único que nunca deberías engañar es a ti mismo. Porque cuando lo haces, no juegas al solitario: juegas a la ruleta rusa.
¡Se me tecnologizan!
