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Cuando la IA sustituya a los juniors

Sin juniors no habrá seniors.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre el futuro de los juniors con la IA, cuando las empresas dejen de contratarlos, publicado el 09 de octubre de 2026.

La inteligencia artificial no está despidiendo a los jóvenes: simplemente ha dejado de contratarlos. Y ese silencio puede salirle muy caro a las empresas dentro de diez años.

Se repite a menudo que con la inteligencia artificial nadie está a salvo. Es una frase eficaz, pero incompleta. Los datos dicen algo más preciso, y bastante más inquietante: la IA no golpea a todos por igual. Golpea primero a quien todavía no ha entrado. Y lo hace sin hacer ruido.

El dato mata al relato

Erik Brynjolfsson y su equipo del Stanford Digital Economy Lab llevan desde 2025 analizando nóminas reales de millones de trabajadores estadounidenses. En la revisión publicada el pasado agosto, el empleo de los jóvenes de 22 a 25 años en ocupaciones muy expuestas a la IA se sitúa ya en torno a un 19 % por debajo de donde estaría si hubiera seguido el ritmo de los jóvenes en ocupaciones menos expuestas. ¿Y los trabajadores con experiencia? Ninguna brecha comparable.

En Harvard, Guy Lichtinger y Seyed Hosseini estudiaron los currículums de casi 62 millones de trabajadores en 285.000 empresas. Desde principios de 2023, en las empresas que adoptan IA generativa el empleo junior cae con fuerza frente a las que no la adoptan, mientras el empleo senior sigue creciendo.

Pero el detalle decisivo es otro: ese descenso responde sobre todo a que se contrata menos, no a que se despida más.

Dicho en castellano: al junior no lo echan. Simplemente no lo llaman.

Eso no abre ningún telediario. No hay ERE, no hay pancartas, no hay comité de empresa negociando nada. Hay una oferta de empleo que nunca llega a publicarse.

Hay un dato todavía más cruel. Los más castigados son los titulados de universidades de nivel medio, mientras que los de élite y los de menor cualificación salen mejor parados. El título del montón ya no abre puertas. Y en España, donde uno de cada cuatro menores de 25 años ya estaba en paro, esto no es una amenaza lejana. Es gasolina sobre un incendio que ya ardía.

Dar cera, pulir cera

Quien haya visto Karate Kid recordará la escena. Daniel quiere aprender kárate y el señor Miyagi lo pone a encerar coches, lijar suelos y pintar vallas. El chaval se siente explotado, hasta que descubre que cada uno de esos movimientos aburridos era el entrenamiento.

Durante décadas, el trabajo del junior ha sido exactamente eso. Resumir informes, escribir la primera versión del código, conciliar cuentas, redactar actas, atender el teléfono de soporte. Tareas pesadas y poco brillantes.

Pero ahí es donde se aprendía el oficio.

Y eso es precisamente lo que la IA hace hoy más rápido, más barato y sin quejarse. Los investigadores de Stanford lo resumen con precisión: el empleo cae en las ocupaciones que dependen del conocimiento codificado, el que se aprende en libros, manuales y procedimientos escritos. Es decir, lo que sabe un recién titulado.

Lo que no viene en los libros es otra cosa. Saber cuándo un cliente miente. Intuir que un proyecto va a reventar tres semanas antes de que reviente. Saber a quién llamar a las tres de la madrugada cuando todo falla. Eso es conocimiento tácito, y eso no lo tiene la máquina.

Lo tiene el senior.

El senior tiene sitio, con condiciones

Un profesional con veinte años de oficio y una IA bien manejada es una bestia. Hace su trabajo y el de tres juniors, con un criterio que ninguno de ellos tiene todavía.

Ahora bien, que nadie se confunda. El senior que dice «yo a mi edad no voy a aprender esto» no es un senior: es antigüedad con nómina. Es mediocracia en estado puro. El valor del veterano es el criterio, y el criterio sin herramienta sale carísimo.

Sobrevive el senior que se tecnologiza. El otro solo está esperando su turno.

La factura llegará dentro de diez años

Y aquí va la parte incómoda para el empresario que se frota las manos.

Sí, este año puede ahorrarse tres becarios, y la hoja de cálculo se lo agradecerá. Pero conviene hacerse una pregunta: ¿quién será su senior dentro de diez años?

El criterio no se descarga. No se compra con una suscripción mensual. Se forma a base de equivocarse delante de alguien que te corrige, de encerar muchos coches antes de entender para qué servía.

Si hoy nadie contrata juniors, dentro de una década tendremos una generación de profesionales sin experiencia y otra de veteranos jubilándose sin relevo. Las empresas que hoy ahorran en becarios estarán, sencillamente, comiéndose la semilla.

Al joven que lea esto no le voy a mentir: lo tiene más difícil que cualquier generación anterior, y nadie se lo va a anunciar. Pero tiene una salida. No competir con la máquina en lo que viene en los libros, usarla para llegar antes a lo que no viene en ellos y buscarse un señor Miyagi que se lo enseñe.

¡Se me tecnologizan!

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