Un PMA no es un vehículo bonito lleno de pantallas. Tampoco es un capricho tecnológico para justificar presupuestos.
Cada vez que aparece una infraestructura tecnológica nueva, potente y masiva, aparece inmediatamente un relato catastrofista
Galicia ya puede ver sus trenes en tiempo real. Sí, han leído bien. En pleno 2026, el sistema ferroviario decide que quizá sería buena idea.
La era en que un vídeo era sinónimo de verdad ha quedado atrás: hoy cualquier imagen puede ser replicada por inteligencia artificial.
Un PMA no es un elemento tecnológico accesorio. Es una infraestructura crítica de control, coordinación y garantía jurídica.
Las máquinas no vienen a “liberarnos”, vienen a reducir costes y transformar trabajos.
ChatGPT no es un buscador ni Google: es otra interfaz con el conocimiento, que sintetiza información y exige pensamiento crítico.
La tecnología no es mala. Malo es el vacío moral. Lo que asusta no es el algoritmo, sino la ausencia de conciencia en quien lo diseña.
La web se está resquebrajando en silencio mientras Google sustituye los enlaces por resúmenes de IA.
Palantir nace en los albores del siglo XXI como una respuesta post-11S. Financiada por la CIA y por Thiel a través de su fondo Founders Fund









