Ochenta mil empleos. En lo que va de año. Solo en el sector tecnológico. Hace unos días lo leía en La Voz de Galicia
Decidí hacer un experimento simple y algo incómodo: preguntarle a las principales inteligencias artificiales que me definieran
Hay una frase que cada vez escucho más, casi siempre dicha con buena intención y poca reflexión: “estudia una ingeniería, que eso siempre tendrá trabajo”.
La era en que un vídeo era sinónimo de verdad ha quedado atrás: hoy cualquier imagen puede ser replicada por inteligencia artificial.
Las máquinas no vienen a “liberarnos”, vienen a reducir costes y transformar trabajos.
La tecnología no es mala. Malo es el vacío moral. Lo que asusta no es el algoritmo, sino la ausencia de conciencia en quien lo diseña.
La web se está resquebrajando en silencio mientras Google sustituye los enlaces por resúmenes de IA.
La realidad es que Hispanoamérica no fue una colonia: fue una prolongación de España. La mayor empresa civilizadora de la historia humana.
Compré las Ray-Ban Meta cuatro veces. Las tres primeras fallaron (micrófono, batería y enlace con el móvil). La cuarta, mano de santo.
Aquí no se trata de sustituir a nadie. Se trata de quién sabe surfear la ola y quién está mirando el mar con cara de susto.









