La era en que un vídeo era sinónimo de verdad ha quedado atrás: hoy cualquier imagen puede ser replicada por inteligencia artificial.
Las máquinas no vienen a “liberarnos”, vienen a reducir costes y transformar trabajos.
La tecnología no es mala. Malo es el vacío moral. Lo que asusta no es el algoritmo, sino la ausencia de conciencia en quien lo diseña.
La web se está resquebrajando en silencio mientras Google sustituye los enlaces por resúmenes de IA.
La realidad es que Hispanoamérica no fue una colonia: fue una prolongación de España. La mayor empresa civilizadora de la historia humana.
Compré las Ray-Ban Meta cuatro veces. Las tres primeras fallaron (micrófono, batería y enlace con el móvil). La cuarta, mano de santo.
Aquí no se trata de sustituir a nadie. Se trata de quién sabe surfear la ola y quién está mirando el mar con cara de susto.
La BBC ha publicado hace unas semanas un artículo interesante titulado “IA: 4 preguntas que debemos hacernos antes de usar cualquier herramienta de inteligencia artificial”
El primer trillonario del mundo será alguien anónimo que explote el verdadero poder de la inteligencia artificial. No será Elon Musk ni Jeff Bezos ni Jensen Huang.
Valoración profundamente humana de la IA. Porque hablar de algoritmos sin hablar de personas es como analizar una orquesta solo por las partituras.









