Otro ladrillo, y este estratégico, en el muro del buenismo.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la cultura del buenismo frente a la del esfuerzo y la meritocracia, publicado el 17 de enero de 2025.
La cultura del esfuerzo y la meritocracia han sido reemplazadas por una peligrosa creencia en la gratificación instantánea. En lugar de preparar a los jóvenes para el mundo, estamos criando a una generación que espera que el mundo se adapte a sus necesidades.
¡Ey, tecnófilos!
Hoy quiero reflexionar sobre la educación que estamos ofreciendo a nuestros hijos, y cómo hemos pasado de un extremo a otro en un intento mal dirigido de protección. Al evocar la emblemática canción «Another Brick in the Wall» de Pink Floyd, se hace evidente que, aunque hemos derribado los muros de una educación autoritaria, hemos levantado otros nuevos, esta vez construidos con las suaves pero peligrosas almohadas del buenismo. Esta educación buenista ha dado lugar a lo que muchos llaman la generación woke, una generación que se caracteriza por padres de algodón y niños de cristal.
En «Another Brick in the Wall», Pink Floyd criticaba un sistema educativo opresivo que buscaba moldear a los estudiantes en piezas uniformes de una gran máquina, eliminando su individualidad y pensamiento crítico. Hoy, aunque hemos abandonado esos métodos represivos, nos enfrentamos a un nuevo tipo de adoctrinamiento.
El sistema educativo contemporáneo, impulsado por una ideología buenista, fomenta una educación que promueve la instantaneidad y la inmediatez. Nuestros jóvenes han sido educados para creer que todo debe ser inmediato, que el éxito debe alcanzarse sin esfuerzo y que los atajos son la norma.
La cultura del esfuerzo y la meritocracia no está de moda
La cultura del esfuerzo y la meritocracia han sido reemplazadas por una peligrosa creencia en la gratificación instantánea. En lugar de valorar el trabajo duro y la perseverancia, se ha instaurado una mentalidad donde todo tiene que ser rápido y fácil.
Este enfoque ha resultado en una juventud que carece de resiliencia y fortaleza emocional, incapaz de enfrentarse a las adversidades y desafíos de la vida real. En lugar de preparar a los jóvenes para el mundo, estamos criando a una generación que espera que el mundo se adapte a sus necesidades.
La educación actual, en su afán de proteger y mimar, ha dejado de enseñar a nuestros hijos el valor del esfuerzo y la importancia de la paciencia. La promoción constante de la inmediatez y la búsqueda de resultados rápidos ha socavado la capacidad de los jóvenes para trabajar hacia objetivos a largo plazo.
La instantaneidad ha triunfado sobre la cultura del esfuerzo, y la incultura ha ganado terreno en una sociedad que valora más la velocidad que la calidad.
El sistema educativo sigue fallando
Pink Floyd decía: «En definitiva, solo es otro ladrillo en el muro», refiriéndose a cómo los estudiantes eran tratados como piezas intercambiables en un sistema opresivo. Hoy, aunque los métodos han cambiado, el sistema educativo sigue promoviendo una tipología de educación que no fomenta la verdadera independencia ni el pensamiento crítico. El adoctrinamiento buenista ha reemplazado al autoritarismo, pero ambos comparten la misma raíz: la falta de preparación para la realidad.
Debemos recordar que la verdadera educación no consiste únicamente en impartir conocimientos, sino en preparar a nuestros hijos para enfrentar el mundo con todas sus complejidades y desafíos.
Necesitamos un equilibrio que permita a los jóvenes aprender de sus errores, enfrentarse a desafíos y desarrollarse como individuos fuertes y resilientes. Debemos fomentar una cultura del esfuerzo, donde se valoren la paciencia, la perseverancia y el mérito.
La educación debe evolucionar, aprendiendo de los errores del pasado y evitando los excesos del presente. Solo así podremos formar generaciones que estén preparadas no solo para sobrevivir, sino para prosperar y liderar con confianza y competencia en un mundo cada vez más exigente.
¡Se me tecnologizan!
