Son las siete de la mañana de un domingo. Mientras la mayoría del mundo aún duerme, yo ya estoy en mi despacho. No por obligación, sino por costumbre.
La mala educación se reparte en una proporción aproximada de 60% masculina frente a un 40% femenina.
A veces me pregunto si el problema no es que el sistema educativo haya ido para atrás, sino que directamente haya entrado en combustión espontánea.
Si no cambiamos el modelo educativo ya, no tendremos una generación perdida; tendremos millones de cerebros perfectamente domesticados, formados para obedecer, no para transformar.
se hace evidente que, aunque hemos derribado los muros de una educación autoritaria, hemos levantado otros nuevos, esta vez construidos con las suaves pero peligrosas almohadas del buenismo.
Quizá sea en la educación donde Galicia recupere un poco las enormes diferencias que hay en otras cuestiones con respecto a otras comunidades de España, y mucho más con otras regiones europeas.
Vivimos en un mundo que cada vez depende más de la tecnología. Por eso, es el momento de formar digitalmente a las personas desde muy pequeñas, ya que, de eso depende nuestro futuro, y sobre todo el de las generaciones venideras.
Hace falta valentía para enfrentarse a los tiempos que corren. España tiene que competir con países que tienen un sistema formativo mejor y que disponen un caldo de cultivo para investigar y emprender más adecuado.







