La mala educación se reparte en una proporción aproximada de 60% masculina frente a un 40% femenina.
La mala educación se reparte en una proporción aproximada de 60% masculina frente a un 40% femenina.
Hay una plaga que no necesita pasaporte, ni visado, ni PCR: se cuela por los micrófonos, los timelines y hasta en las comidas familiares. Hablo de los todólogos.
Aquí no se trata de sustituir a nadie. Se trata de quién sabe surfear la ola y quién está mirando el mar con cara de susto.
A veces me pregunto si el problema no es que el sistema educativo haya ido para atrás, sino que directamente haya entrado en combustión espontánea.
Una persona hablaba con absoluta claridad sobre dos tipos de seres humanos: las moscas y las abejas. Y pensé: “Ya está, aquí hay una gran verdad que vale la pena rescatar».
El tiempo pasa y se va, sin pedir permiso y sin dar explicaciones. ¿No es acaso el tiempo el gran domador, el invisible jinete que nos arrea con el látigo de los días, las horas y los minutos?
Si no cambiamos el modelo educativo ya, no tendremos una generación perdida; tendremos millones de cerebros perfectamente domesticados, formados para obedecer, no para transformar.
Para todos esos iluminados del LinkedIn, los profetas del coaching de saldo, los gurús del consejo fácil y los licenciados en nada pero expertos en todo… aquí va, con todo el cariño y un poquito de vinagre gallego, nuestro humilde decálogo.
Si te odian sin conocerte, enhorabuena: vas por buen camino. Puede que aún no lo sepas, pero esa gente que te observa con suspicacia, que cuchichea cuando pasas o que se alía con otros para criticarte, no lo hace porque seas malo.









