Emprendimiento
Marine estadounidense

Tengo un amigo marine estadounidense.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la reinvención de un marine estadounidense gallego, publicado el 5 de febrero de 2026.

Sí, tengo un amigo marine estadounidense y su historia no es un relato militar, sino un recordatorio incómodo: “el fracaso no es opción”, la disciplina es el único camino y aceptar cuándo toca replegarse no es rendirse, es ser inteligente.

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?

Tengo un amigo marine estadounidense. Y su historia, más que un relato militar, es un manual de motivación que cualquier empresario o directivo debería leer entre líneas.

Nació en Nueva York, creció en Galicia y se alistó en los Marines después del 11-S. Allí aprendió que todo Marine es primero un fusilero, que el fracaso no es opción y que la disciplina es el único camino. Imagina pasar meses entrenando bajo presión extrema, disparando a 500 metros sin margen de error, sabiendo que cualquier fallo no se paga con un suspenso, sino con la vida.

Un accidente de tráfico lo sacó del cuerpo antes de lo previsto. Y aquí viene la primera lección: aceptar cuando toca replegarse no es rendirse, es ser inteligente. Tras colgar el uniforme, se reinventó: policía en Florida, contratista en Irak, detective, abogado… hasta que acabó de nuevo en Galicia, fundando una empresa de ginebra premium con raíces profundas en su tierra.

La ginebra se llama ÁRTABRO y no es casualidad. Su nombre es un homenaje a Galicia y su identidad: azul como el mar, con símbolos de nuestra historia, y elaborada con productos autóctonos y artesanales. Una apuesta clara por lo nuestro, por la autenticidad, por demostrar que Galicia puede crear un producto premium capaz de emocionar en cualquier parte del mundo.

De marine a empresario, lo que nunca perdió fue el Semper Fidelis: siempre fiel. Fiel a sus principios, fiel a la misión, fiel a la gente con la que trabaja.

¿Y qué tiene que ver todo esto contigo, empresario o directivo que me lees? Todo. Porque los negocios no son una partida de ajedrez tranquila; son una guerra diaria contra la competencia, la incertidumbre y, muchas veces, contra uno mismo. Y ahí la clave no está en quejarse, sino en entrenar la mente, el carácter y la capacidad de resistencia.

Se juega como se entrena. Y como decía aquel golfista americano: cuanto más entreno, más suerte tengo. La suerte es, en realidad, la disciplina repetida una y otra vez.

Este artículo nace de la entrevista que le hice para mi podcast “Tecnologizarse o morir”, que ya está disponible en mi canal. Una conversación donde se cruzan disciplina militar, reinvención personal y el amor por Galicia como motor de un proyecto empresarial.

Yo tengo un amigo Marine estadounidense. Y cada vez que pienso en él, me acuerdo de que la lealtad, la disciplina y el coraje no son atributos militares. Son atributos de líderes. 

¡Se me tecnologizan!

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