Emprendimiento
melasudismo

Del «Sudapollismo» al «Melasudismo».

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre los términos definidos por José Antonio como el «sudapollismo» y el «melasudismo», publicado el 22 de julio de 2025.

¡Ey, tecnófilos!

El melasudismo no es una patología, ni una enfermedad, ni un brote de cinismo tardío. Es una forma de estar en el mundo. Una filosofía de vida. Una cima existencial que no se alcanza sin pagar peaje.

Porque el melasudismo no se improvisa. Se cultiva. Se entrena. Y sólo germina tras tres décadas de trabajos forzados como autónomo, peleando contra la administración, la competencia desleal, los impagos, los socios tóxicos, los bancos con sonrisa de tiburón, las modas vacías y las crisis en bucle.

El sudapollismo fue solo el primer paso. Una rabieta juvenil con gracia, un “me la suda todo” escupido con arrogancia y algo de pose. Pero el melasudismo… eso ya es otra cosa. Eso es un grado superior. Una actitud pulida por el cansancio, barnizada con lucidez y afilada por la experiencia.

El melasudista ha visto de todo… y ya no se inmuta

Tiene independencia económica, y con ella, independencia moral. Ya no necesita agradar a nadie. Dice lo que piensa. No se deja chantajear por cargos, eventos, promesas ni pelotas con traje.

Odia profundamente —sin necesidad de elevar la voz— a:

  • los falsos con sonrisita estratégica,
  • los interesados disfrazados de amigos,
  • los bienquedas profesionales,
  • los imbéciles con LinkedIn premium,
  • los aprovechados de barra libre,
  • y en general, a toda la chusma que vive de aparentar o parasitar.

No es que pase de todo. Es que ya no tiene tiempo que perder

El melasudista valora cada minuto. Cada conversación. Cada silencio. No entra al trapo. No da explicaciones. Y sobre todo, no se justifica.

Porque ha aprendido, a base de hostias, que la vida es demasiado corta para rodearse de estúpidos, y demasiado larga como para fingir interés por lo que no le mueve por dentro.

Así que si algún día te sorprendes diciendo:

“Mira, me la suda ya todo esto…” Pero lo dices con calma. Con elegancia. Con conocimiento de causa…

Bienvenido, Tecnófilo. Has llegado. Eres melasudista. Y eso, en este mundo histérico y de cartón piedra, es un acto revolucionario.

¡Se me tecnologizan!

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