Emprendimiento
ejecución empresarial

Lo que hay en la mar son peces. Lo que hay a bordo es pescado.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía sobre ejecución empresarial, publicado el 23 de agosto de 2025.


¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?

“¡Lo tengo! ¡Esta vez sí! Voy a montar una empresa que lo va a petar. He visto un nicho brutal. Cero competencia. Lo he soñado. Estoy motivadísimo. ¡Esto es un océano azul!”

La escena ocurre en una cafetería cualquiera, a media mañana. En la mesa, un joven emprendedor de mirada brillante y discurso de TED Talk, gesticula con pasión mientras le enseña su PowerPoint a un veterano empresario que apenas ha tocado el café.

“Fíjate en la oportunidad. Es increíble. Mira cuánta gente necesita esto. Nadie lo está haciendo. Solo hay que lanzarse. Está todo por pescar.”

El veterano, con los brazos cruzados, le escucha con una mezcla de ternura y sospecha. Sonríe. Espera. Hasta que el chaval hace una pausa y lo mira como pidiéndole aprobación, o un cheque.

Y entonces, sin levantar el tono, con la tranquilidad de quien ha enterrado más proyectos de los que el otro ha imaginado, suelta la frase:

“Mira, muchacho. En la mar hay peces, sí. Muchos. Pero lo que cuenta… es lo que llevas a bordo. Porque lo que hay en la mar son peces. Lo que hay a bordo es pescado.”

Silencio. El joven parpadea. El veterano sigue.

“El PowerPoint está muy bien. Pero la mar es traicionera. El pez no salta solo a la red. Y tú estás celebrando un banquete… sin tener todavía ni la caña.”


Y aquí es donde empieza la lección de verdad.

Cuántos emprendedores, empresarios, innovadores y “visionarios” se quedan atrapados en la fase de la ilusión. En la idea. En el mapa del tesoro. Ven la mar llena de oportunidades y ya se creen ricos. No han montado el barco, no saben remar, no tienen red, no saben conservar el pescado… pero ya hablan de “scalabilidad”.

Eso, amigos míos, es hacerse trampas al solitario.

El PowerPointismo es una plaga. El ilusionismo sin método, otro cáncer. Y creerte que ya has llegado solo porque has tenido una buena idea, es como ponerse la medalla antes de salir a correr.


Vamos a intentar aprender algo.

Hay una diferencia enorme entre ver potencial y extraer valor. Entre identificar un mercado y conquistar un cliente. Entre soñar con peces y facturar pescado.

El mundo real no premia la intención. Premia la ejecución. La mar no paga ideas. Paga capturas.

Así que la próxima vez que alguien te venga a hablar de lo que “hay en la mar”, mírale el cubo. Porque lo que cuenta es lo que has traído a bordo.

Y si tú mismo eres el que se está autoengañando… cuidado: el peor socio posible es el que te mira desde el espejo.

¡Se me tecnologizan!

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