Economía Empresas
Productividad

Productividad o milongas.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la productividad de una persona en la empresa, publicado el 27 de septiembre de 2025.

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?

Un día publiqué en LinkedIn algo tan simple como esto: “Muchos chavales llegan a entrevistas pidiendo 25, 30 o 40 mil euros. Y mi pregunta siempre es: ¿qué vas a hacer tú para ganártelos? Una empresa no es una ONG.”

Pues bien, cayó la del pulpo. Comentarios por todos lados: desde el que me llamó “bro-empresario fantasma” hasta el que me explicó con solemnidad que los sueldos los fija el mercado (gracias, no lo sabía…). Otros se ofendieron porque usé la palabra “chavales”, como si no fuese un término cariñoso en mi vocabulario. ¡Lo que hay que aguantar!

Lo grave no es que a algunos les chirríe mi forma de expresarme. Lo grave es que demuestra lo lejos que estamos en España de entender algo básico: una empresa paga salarios con productividad y rentabilidad, no con moralina barata.

Entre las respuestas más pintorescas estaban:

  • Los que me hablaron de cuencos de arroz, como si yo fuese Mao.
  • Los que ven explotación hasta en la pizza de las horas extras.
  • Los que creen que 40.000 € son una miseria universal, aunque produzcan 15.000.
  • Los que confunden empresa con ONG y piensan que el riesgo es solo del empresario, como si el retorno fuese opcional.
  • Los que sueltan frases de manual sobre “los monos y los cacahuetes”, creyendo que con metáforas se paga la luz.

También hubo comentarios sensatos: los que recordaron que hay puestos que aportan de forma indirecta, que la retención de talento exige reconocer y pagar lo que vale cada uno, o que en España sufrimos el mal endémico de microempresas que nunca crecen por miedo a compartir mando. Eso sí tiene sentido.

Pero la mayoría vino con la misma cantinela: victimismo, discursos wokistas y recetas de barra de bar. España no es competitiva porque confundimos derechos con cheques en blanco y porque se premia más quejarse que producir.

Lo diré claro:

  • Pagar miserias expulsa talento, cierto.
  • Pero pagar más de lo que alguien genera es arruinar la empresa.
  • Sin rentabilidad no hay empresa, y sin empresa no hay sueldos.
  • El salario digno nace del valor real que se aporta, no de llorar en LinkedIn.

Y atención a los números: el post lleva más de 300.000 impresiones, casi 1.000 comentarios y más de 1.000 reacciones, en su mayoría positivas. Es decir, la mayoría entiende perfectamente el mensaje. Solo hacen ruido los mismos de siempre: todólogos, mediocratas, buenistas y terapeutas de moralina barata.

A mí no me asusta el debate. Lo que me asusta es la cantidad de gente que vive en un universo paralelo donde los números no importan. Ese melasudismo productivo es lo que condena a este país a la mediocracia.

La vida empresarial es así de cruda: productividad o milongas. Y yo, lo siento mucho, pero de milongas no pago nóminas.

¡Se me tecnologizan!

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