No pido un Estado mínimo por capricho. Lo pido porque he comprobado que el único modelo sostenible es aquel en el que el Estado actúa como un cliente de élite.
La vida empresarial es así de cruda: productividad o milongas. Y yo, lo siento mucho, pero de milongas no pago nóminas.
En la empresa, el empresario es el que arruina a sus socios con trampas, pero también el que levanta empleo sólido, el que no cede a la tentación fácil y el que hace de su trayectoria una lección de integridad


