El melasudismo no es pasotismo, aunque a los simples les cueste distinguirlo. No es dejadez ni cinismo de bar barato.
El melasudismo no es una pose ni una boutade simpática para redes sociales. Es una actitud profundamente adulta ante la vida.
La vida empresarial es así de cruda: productividad o milongas. Y yo, lo siento mucho, pero de milongas no pago nóminas.
El MELASUDISMO no es un estado mental, es un estado vital. No es resignación. Es discernimiento. No es despreocupación.
Si te odian sin conocerte, enhorabuena: vas por buen camino. Puede que aún no lo sepas, pero esa gente que te observa con suspicacia, que cuchichea cuando pasas o que se alía con otros para criticarte, no lo hace porque seas malo.
El melasudismo no es una patología, ni una enfermedad, ni un brote de cinismo tardío. Es una forma de estar en el mundo





