La comunidad china es, ahora mismo, la única nacionalidad extranjera en España con más autónomos que asalariados.
En 2019, España cerraba con una tasa de absentismo laboral del 5,5%, la más alta en veinte años. Parecía un techo. Entonces llegó la pandemia
Según las estádísticas los autónomos se ponen enfermos mucho menos que los trabajadores asalariados, pero la realidad es muy distinta.
Nadie invitaba a nadie. Aurelio tampoco. No porque fuera tacaño, que no lo era, sino porque en esa mesa el dinero no existía como categoría.
Más allá de la envidia, existe un sentimiento mucho más dañino para el desarrollo económico y social: el resentimiento hacia quien prospera.
Una empresa pequeña no es un objetivo. Es una fase. Un punto de partida. Un estado temporal. El problema es cuando esa fase se convierte en destino final.
Hace unos días leía en prensa un artículo de Ernesto S. Pombo titulado “Unos gárrulos deciden nuestras vidas”.
España presume de grandes cifras empresariales mientras ignora la paradoja que esconden: confundir facturación con mérito y tamaño con creación de valor.
Hay canciones que, sin proponérselo, acaban diciendo más verdad que muchos tratados internacionales. Me quedo contigo, de Los Chunguitos, es una de ellas.
La vida empresarial es así de cruda: productividad o milongas. Y yo, lo siento mucho, pero de milongas no pago nóminas.









