¿Era Hemingway un autónomo?
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre Hemingway y los autónomos, publicado en Mundiario, el 12 de febrero de 2024.
Ey, ¡Tecnófilos!
En nuestra travesía literaria y empresarial de hoy, nos enfrentamos a una pregunta tan intrigante como sarcástica: ¿Era Ernest Hemingway, en realidad, un autónomo encubierto? Sí, has leído bien. Y no, no me he tomado un mojito de más. ¿Cómo llegamos a semejante ocurrencia? Pues, amigos, todo comienza con El viejo y el mar, esa joya literaria donde Hemingway nos presenta a Santiago, un pescador que podría ser el abuelo del autónomo moderno. ¡Adelante con este análisis tan serio como mi intención de correr un maratón mañana!
Primero, pensemos en Santiago, ese pescador solitario y tenaz. ¿No es acaso el retrato perfecto de un autónomo?
Día tras día, sale al mar sin saber si volverá con las manos vacías o con un marlín gigante. Igual que el autónomo español, que cada mañana abre su portátil con la misma incertidumbre: ¿Llegará hoy ese cliente salvador o solo más correos de suscripciones que nunca recordó tener?
Ahora, hablemos de Hemingway. ¿Por qué escribiría sobre un pescador y su lucha con un pez, si no fuera para hacer un guiño cómplice a los autónomos? Claro, Ernest, nos querías engañar diciendo que eras un novelista y periodista, pero en realidad, eras un gurú del emprendimiento avant la lettre. ¿Acaso El viejo y el mar no es una metáfora extendida de cómo facturar sin morir en el intento?
Y qué decir de la resiliencia, esa palabra tan de moda. Santiago lucha con un pez durante días, sin rendirse, a pesar de los tiburones y las ampollas. Es como el autónomo enfrentándose a la Agencia Tributaria, esa bestia marina que parece nunca saciarse. ¿Será que Hemingway, en sus ratos libres, lidiaba con declaraciones de IVA y retenciones de IRPF? No me sorprendería.
Pero, amigos, la ironía más deliciosa es pensar que Hemingway escribió El viejo y el mar no solo como un tributo a la lucha del autónomo, sino como un espejo de su propia vida.
Imaginemos a Ernest, tecleando en su máquina de escribir, luchando contra la página en blanco, igual que Santiago contra el marlín. ¿Era cada palabra un anzuelo lanzado en busca de éxito editorial? ¿Era cada novela un proyecto freelance con el que soñaba pagar las facturas?
En resumen, ¿era Hemingway un autónomo? Bueno, si juzgamos por su obra maestra, podríamos decir que sí, al menos en espíritu. Y si Santiago es el abuelo postizo de todos los autónomos españoles, entonces Hemingway es el tío lejano que, sin quererlo, escribió una de las guías más épicas sobre ser tu propio jefe. Así que, la próxima vez que leas El viejo y el mar, recuerda que no es solo una historia sobre un hombre y un pez, sino un manual encubierto sobre cómo sobrevivir al océano del emprendimiento.
Y recuerden, siempre lleven un salvavidas cuando naveguen en las aguas turbulentas del autónomo, no vaya a ser que Hemingway tenga razón y haya más tiburones de lo que pensamos.
