Un coche que no conocía… y un conductor que no se olvida.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la electrificación de los coches y los nuevos modelos que aparecen en el mercado, publicado el 23 de abril de 2026.
La electrificación ya no es futuro, es presente; y funciona en la calle, con autonomías reales y negocio detrás, pero la verdadera sacudida no viene de la tecnología. Llega cuando alguien, con 66 años, trabaja 12 horas al día y convierte su vida en “una máquina de producir”, mientras otros debaten cómo no hacerlo. “Sin quejarse, sin subvenciones emocionales”, la diferencia sigue estando en la actitud.
¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
Hay días en los que uno se sube a un coche… y se baja con una historia.
Hoy me pasó.
Pedí un Uber y apareció algo que, sinceramente, no tenía en el radar: un Lucid Air. Una marca desconocida para muchos. Para mí, hasta hoy, también.
Una hora de trayecto da para mucho cuando prestas atención. Y lo primero que te impacta —porque sí, impacta— es el silencio. No ese silencio artificial al que ya nos han acostumbrado los eléctricos. Aquí hay algo más: refinamiento. La sensación de estar ante un producto bien pensado, no improvisado.
Luego llega la segunda sorpresa: la autonomía. El conductor, sin postureo ni intención de vender humo, lo comenta con naturalidad: —“Más de 800 km en ciudad. En carretera… baja un poco, a unos 700.”
Y no lo decía como quien repite un catálogo. Lo decía tras haber recorrido 91.000 kilómetros en cinco meses. Ahí entiendes que no es teoría: es experiencia, es negocio, es realidad. Pero lo mejor del viaje no fue el coche. Fue Ruperto.
66 años. De Guatemala. Hijo de padres malagueños. Dieciocho años en España. Y con una mentalidad que, sinceramente, te obliga a replantearte muchas cosas.
No piensa jubilarse mientras pueda trabajar. Trabaja 12 horas al día, seis días a la semana.
El coche no para: una hora para cargar, otra para limpiarlo… y el resto, facturando.
Y cuando él se baja, se sube su hijo.
Esto no es solo un coche. Es una máquina de producir. Pero, sobre todo, es una familia funcionando como una empresa.
Y aquí aparece la reflexión incómoda.
Mientras algunos debaten cómo vivir sin trabajar, otros organizan su vida para no dejar de hacerlo nunca. Sin ruido. Sin quejas. Sin excusas. Trabajando.
Y no, no se trata de glorificar el sacrificio sin sentido. Se trata de entender algo muy simple: la actitud lo es todo.
Ruperto no habló de política ni dio lecciones. No lanzó grandes discursos. Pero en una hora transmitió más que muchos “gurús” en meses: orgullo por lo que hace, claridad mental y algo cada vez más escaso: dignidad en el esfuerzo.
Y vuelvo al coche. El Lucid Air no es solo tecnología. Es la confirmación de algo evidente: la electrificación ya no es el futuro, es el presente. Y, además, es competitiva. Autonomía elevada, costes optimizados, silencio, eficiencia.
Pero conviene no olvidar lo esencial: el coche es solo la herramienta. Lo que realmente marca la diferencia es quién lo conduce.
Hoy no descubrí solo una marca. Descubrí a alguien que, con 66 años, sigue empujando más fuerte que muchos con 30.
Y eso, amigo, no lo fabrica ninguna tecnología. Eso viene de serie.
¡Se me tecnologizan!
