Nadie invitaba a nadie. Aurelio tampoco. No porque fuera tacaño, que no lo era, sino porque en esa mesa el dinero no existía como categoría.
Las personas que han perdido todo, el negocio, el dinero, la pareja, la reputación, y han vuelto a levantarse, llevan algo distinto en la mirada.
Vivimos en la era del “todo ahora”: comida a domicilio en 10 minutos, series que se devoran en una noche, compras con un clic y dopamina a granel desde el sofá.
¿Tú te haces trampas al solitario? Una pregunta incómoda, pero necesaria. Porque en los negocios —y en la vida— el autoengaño es la trampa más cruel de todas.
¿De qué sirve tener una empresa si no tienes la energía para disfrutarla? ¿De qué sirve ser “exitoso” si estás enfermo, agotado o limitado?
Aquí me tenéis, en mi rincón de casa un sábado cualquiera, acabando de leer “SaludableMente” de Marcos Vázquez.
La mayoría de las veces los empresarios fallamos no por falta de ideas, sino por querer abarcarlo todo de golpe, sin método ni orden.
En los años 90 y hasta bien entrado 2008, ser visitador médico era sinónimo de ganar mucha pasta.
Un empresario gallego me enseñó que en los negocios no hay lugar para los todólogos. «Zapatero a tus zapatos» es una lección de humildad y enfoque que todo emprendedor debería recordar.
Un decálogo práctico para que autónomos y emprendedores encuentren propósito y sentido en su negocio a través del ikigai.









