Emprendimiento
Emprendedor loco

Un emprendedor, un loco inmaculado.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la visión que se tiene del emprendedor, publicado el 16 de abril de 2025.

¡Ey, tecnófilos!

Hay canciones que no se escuchan: se sienten. Algunas incluso se convierten en parte de tu ADN emocional, en banda sonora de tu vida, en espejo de ciertas etapas donde la razón cede el paso a la piel, al recuerdo, al alma. Una de esas canciones, para mí, es sin duda «Immaculate Fools» del grupo homónimo. No es solo una melancolía con ritmo ochentero, ni un romanticismo derrotado. Es una verdad universal envuelta en una guitarra que llora sin llanto, en una voz que duele sin gritar.

Cuando escucho «Immaculate Fools», siento que define a muchos emprendedores. A muchos de nosotros. A mí mismo, incluso. Porque emprender, en este mundo tan ruidoso, tan incierto y tan saturado de egos, es un acto profundamente emocional. Es casi una ingenuidad consciente. Una forma de lanzarse sin red confiando en que la tecnología, el esfuerzo y la pasión nos salven de la caída.

En un momento del estribillo se canta: «Oh we are the Immaculate Fools». Y yo no puedo evitar pensar: ¡cuántos empresarios, tecnólogos y creadores hemos sido eso! Tontos inmaculados. Valientes en la ceguera. Leales a una visión que sólo nosotros veíamos. ¡Y cuántas veces nos han mirado con condescendencia por ello!

La tecnología como herramienta para no sentirse solo

Pero ser «tonto inmaculado» no es un defecto. Es una virtud en peligro de extinción. Es elegir sentir en un mundo que te exige frialdad. Es apostar por la tecnología no como un simple negocio, sino como una herramienta para cambiar vidas. Porque como siempre digo: «La tecnología debe servir para que nunca nadie esté solo, sobre todo cuando más lo necesita».

Mi vida ha sido una constante reafirmación de eso. Desde aquel primer sistema de radiotaxi que creé para proteger a los taxistas como mi padre, hasta Metavento, Nordés Club Empresarial o cualquiera de los proyectos donde he dejado parte de mi alma. Todo ha sido un intento de tecnologizar para unir, para ayudar, para construir. Y sí, muchas veces me sentí como en la canción: incomprendido, frágil, pero inquebrantable.

En un mundo donde todo se mide en métricas, ROI y escalabilidad, a veces hay que recordar que lo que no se mide también importa. La emoción, la lealtad, la pasión, el sueño. Todo eso no cabe en un Excel, pero es lo que te mantiene en pie cuando nada más parece tener sentido.

Si tú, que estás leyendo esto, te sientes también un poco «Immaculate Fool»… bienvenido al club. Este no es un espacio para cínicos. Es para los que a pesar de todo siguen creyendo. En el amor, en la tecnología, en la gente. En el poder de una idea.

Así que la próxima vez que te digan que eres un loco por emprender, por amar sin condiciones o por seguir intentándolo… sonríe. Porque ser un inmaculado tonto no es un fallo de sistema. Es una versión mejorada del alma humana.

¡Se me tecnologizan!

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