Tecnología al rescate, herramientas para nunca estar solo.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre cómo nos puede ayudar la tecnología, publicado el 31 de marzo de 2025.
¡Ey, tecnófilos!
Desde pequeño, siempre tuve la convicción de que nadie debería estar solo, sobre todo cuando más lo necesitara. Esa filosofía ha marcado mi vida personal y profesional.
A veces, los recuerdos de la infancia se vuelven las semillas de grandes ideas. Durante la década de los setenta, mientras otros niños jugaban despreocupadamente, yo vivía en un estado de alerta constante, pendiente de la seguridad de mi padre. Mi padre era taxista nocturno en A Coruña, en un tiempo complicado. Las noches eran especialmente duras, pues el auge de la heroína y la delincuencia acechaban a los trabajadores como él, dejándolos vulnerables a asaltos. Yo, desde la ventana de nuestra casa, vigilaba incansablemente el garaje donde aparcaba su coche, solo para sentir alivio cuando llegaba a salvo. Aquel sentimiento de impotencia y preocupación moldeó muchas de mis inquietudes.
Por entonces, los taxis en mi ciudad no contaban con radiocomunicaciones. No existía lo que más tarde se conoció como «radiotaxi», un sistema que habría permitido a mi padre, ya tantos otros, comunicar rápidamente cualquier incidencia o, simplemente, sentirse acompañado en aquellas largas y solitarias horas de trabajo. Desde pequeño, siempre tuve la convicción de que nadie debería estar solo, sobre todo cuando más lo necesitara. Esa filosofía ha marcado mi vida personal y profesional.
El tiempo pasó, y con los años, la tecnología avanzó. Y entonces llegó la oportunidad de hacer algo al respecto. Como empresario y tecnófilo, me propuse mejorar la seguridad de los taxistas de mi ciudad, A Coruña. Implementamos un sofisticado sistema de radiotaxi que no solo optimizaba la operación diaria, sino que también integraba una función crucial: un pulsador de emergencia, discretamente ubicado bajo el pie del conductor. Con solo presionar ese botón, toda la red recibirá una alerta, permitiendo que la ayuda llegue rápidamente en caso de que el taxista enfrente algún peligro.
La tecnología, en este caso, no era un lujo, sino una necesidad vital. Este sistema no solo rentabilizaba el trabajo de los conductores, sino que también les ofrecía una herramienta de seguridad, un vínculo invisible con el resto del mundo que les aseguraba que, pase lo que pase, no estarían solos. En esos años, poder implementar algo así me dio una profunda satisfacción. Sentí que de alguna manera había cerrado el círculo, que había respondido a esas noches de preocupación en las que, de niño, vigilaba el regreso de mi padre.
A menudo, la tecnología se presenta como una solución a problemas abstractos o económicos, pero lo que me mueve a mí, lo que me motiva día tras día, es su capacidad de conectarnos. De asegurarnos que, cuando las cosas se pongan difíciles, habrá alguien al otro lado para ayudarte. Ya sea un amigo, un familiar o una red de radiotaxis, la idea es la misma: que nunca estés solo, especialmente cuando más lo necesitas.
La historia de mi padre me acompañó a lo largo de mi vida, inspirándome a crear soluciones que van más allá del simple progreso tecnológico. Y como siempre digo, «La tecnología debe servir para que nadie esté solo, sobre todo cuando más lo necesita». Esa ha sido, y siempre será, una de mis máximas.
¡Se me tecnologizan!
