Soy hijo, nieto, bisnieto y tataranieto de autónomo
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre emprendimiento autónomo, publicado en Mundiario el 21 de agosto de 2025.
¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
Hasta ahí puedo leer en mi árbol genealógico: hijo, nieto, bisnieto y tataranieto de autónomos. Tanto por parte de padre como de madre. Y lo digo con orgullo, porque en mis raíces no hay nobleza ni privilegios, sino hierro, tierra y sacrificio.
Por parte de mi madre, Carmen, la rama familiar viene de Celanova, preciosa villa de la provincia de Ourense. Allí crecieron y trabajaron mi abuelo Paco y mi abuela Consuelo. Paco fue herrero, curtido en el calor de la fragua, y Consuelo, ama de casa, fue el corazón del hogar. Antes de ellos, mi bisabuelo Xan transmitió no sólo el oficio de herrero, sino una forma de entender la vida: disciplina, resistencia y humildad.
Por parte de mi padre, Fernando, la raíz está en Porrás, parroquia de Oleiros, ayuntamiento de Carballedo, en la provincia de Lugo. Allí trabajaron mis abuelos Antonio y Cándida, junto a mi bisabuelo conocido como O Fatelas. Ellos, como tantos antes, vivieron del campo. No había sueldos seguros ni horarios: había amaneceres interminables, cosechas inciertas y el orgullo de arrancarle a la tierra lo justo para sobrevivir. Mi abuela Cándida trabajaba el campo igual que su marido, con la misma fuerza y entrega.
El que emigró fue mi padre, buscando futuro en Caracas. Después llevó consigo a mi madre, y allí nací yo, aunque apenas viví ocho meses en Venezuela antes de regresar a Galicia. Mi identidad se forjó con esa mezcla: gallego por sangre y raíces, venezolano por nacimiento.
La conclusión es evidente: lo mío con el emprendimiento no es moda, ni capricho, ni casualidad. Es herencia. Es ADN. Desde Paco en la fragua hasta Cándida en el campo, desde Xan hasta O Fatelas, lo que me transmitieron no fueron bienes materiales, sino un legado de autonomía, resistencia y dignidad.
Soy hijo, nieto, bisnieto y tataranieto de autónomos. Y aunque hasta ahí llega mi memoria, estoy seguro de que si sigo cavando en mi árbol genealógico, encontraré lo mismo: generaciones que trabajaban más de lo que dormían y que jamás esperaron nada regalado.
Ese es mi linaje. Y es también mi bandera: la libertad no se hereda, se forja.
¡Se me tecnologizan!
