Estoy en mi maldito prime
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre cómo se ve el autor a sus 62 años, en su mejor prime y con ganas de seguir innovando, publicado el 19 de octubre de 2026.
Tengo menos necesidades, más libertad, una máquina que ejecuta lo que yo decido, veinte años por delante y cuarenta a la espalda
¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
Hoy vengo con una afirmación que a más de uno le va a escocer, así que vamos a intentar aprender algo.
Tengo 62 años y voy a decir algo que suena a provocación pero que es, sencillamente, una conclusión: estoy en mi puto prime. No a pesar de la edad. Gracias a ella.
Y no lo digo por vanidad. Lo digo porque el paradigma que ha gobernado la humanidad durante toda su historia acaba de romperse, y casi nadie se ha dado cuenta.
Cuantos más años tienes, menos necesitas
Empecemos por lo económico, que es lo que menos se dice en voz alta. Si la vida te ha tratado medianamente bien, a los 60 tienes menos necesidades de las que tenías a los 30. La casa ya está. Los hijos ya caminan solos. Los juguetes caros ya los has tenido, y has descubierto que la mayoría eran adornos. Ya no hay nada que demostrar, porque lo que había que demostrar ya está demostrado.
Eso te da algo que ningún joven tiene y ningún máster vende: libertad para decir que no. No al cliente tóxico, no al socio que huele raro, no a la oportunidad increíble que en realidad es una trampa con PowerPoint. Y quien puede decir que no, negocia desde otro sitio.
El cíborg ya existe y no lleva implantes
Segundo argumento: la tecnología.
La inteligencia artificial, y detrás de ella la robótica, están convirtiéndonos en auténticos cíborgs. No hace falta un chip en la cabeza: basta con una persona con experiencia y una IA que ejecuta. La máquina pone el conocimiento, que ya es gratis. La persona pone lo que la máquina no tiene: criterio.
Y el criterio no se descarga. Se acumula a base de errores pagados con dinero propio. Los datos ya lo están contando. El Digital Economy Lab de Stanford ha medido, sobre millones de nóminas, que desde finales de 2022 el empleo de los jóvenes de 22 a 25 años en las ocupaciones más expuestas a la IA ha caído un 16% respecto al resto, mientras los mayores de 30 en los mismos puestos se mantienen o crecen. Los becarios, los juniors, el primer peldaño de cualquier oficio: eso es exactamente lo que la IA se ha comido primero.
«Si la vida te ha tratado medianamente bien, a los 60 tienes menos necesidades de las que tenías a los 30. La casa ya está. Los hijos ya caminan solos. Los juguetes caros ya los has tenido, y has descubierto que la mayoría eran adornos»
Durante toda la historia, los jóvenes sustituían a los mayores. Hoy la máquina sustituye a los jóvenes y necesita a los mayores para saber qué hacer con ella.
La juventud sénior
Tercer argumento: el tiempo.
En 2026 la edad de jubilación en España está en 66 años y 10 meses; en 2027 serán 67. La esperanza de vida ha superado por primera vez los 84 años, y quien cumple 65 tiene por delante, de media, casi 22 más. Nunca en la historia una persona de 50 años había tenido tanto recorrido por delante y tanta experiencia por detrás al mismo tiempo.
«La inteligencia artificial, y detrás de ella la robótica, están convirtiéndonos en auténticos cíborgs»
La gente de mi generación hace deporte, se alimenta mejor, duerme mejor y llega a los 60 en condiciones que mis padres no tuvieron a los 45. No todos, de acuerdo. Pero los que se cuiden tienen delante una oportunidad que ninguna generación anterior tuvo: a partir de los 50, una segunda juventud. No de piel. De cabeza. De criterio. De no necesitar nada.
He visto cosas que no creeríais
Y ahora el cuarto argumento, que es el que de verdad importa. En Blade Runner, el replicante Roy Batty se despide diciendo que ha visto cosas que nosotros no creeríamos. Yo no he visto naves ardiendo más allá de Orión. He visto cosas peores: he visto socios sonreír mientras preparaban la puñalada, proveedores jurar lealtad hasta el día que un competidor les ofreció dos puntos más, directivos brillantes que resultaron ser humo con corbata y chavales tímidos que resultaron ser oro.
Esa es la habilidad que bajo ningún concepto tiene un chaval: ver venir a la gente. Distinguir el humo del fuego a los treinta segundos de conversación. Detectar la hipocresía, la falsedad, el interés espurio, el me encargo que no se va a cumplir. Eso no se enseña en ninguna escuela de negocios, y desde luego no lo hace ningún algoritmo. Se paga. En años, en dinero y en decepciones.
Lo siento por los chavales
De verdad que lo siento. Pero las reglas han cambiado y no las he cambiado yo. Antes el joven entraba por abajo, hacía el trabajo tedioso, se equivocaba barato y alguien con canas le corregía. Ese peldaño ha desaparecido. Lo que les espera es más duro y más honesto: demostrar primero y cobrar después. Hacerse autónomos, coger el proyecto que nadie quiere, presentar resultados y no currículum. Vender lo único que la máquina no vende: responsabilidad.
Los que lo hagan serán, dentro de treinta años, los que escriban este mismo artículo.
El prime no es una edad
Que nadie se relaje con las canas. El sénior que vale es el que tiene cicatrices, no antigüedad; el que firma y responde, no el que ocupa una capa en el organigrama. La IA le ha quitado el escondite a los mediocres de cualquier edad, y eso también es una buena noticia.
Pero el balance es el que es. Tengo menos necesidades, más libertad, una máquina que ejecuta lo que yo decido, veinte años por delante y cuarenta a la espalda. Si eso no es estar en el prime, que alguien me explique qué es.
¡Se me tecnologizan!