La noticia de que España sigue siendo incapaz de detectar narcosubmarinos cinco años después del primer caso conocido no sorprende.
DeepSeek es un modelo de inteligencia artificial desarrollado en China que ha sorprendido a la comunidad tecnológica por su eficiencia.
Los haters son una especie peculiar, resultado de un cóctel explosivo de frustración, envidia, ignorancia y, en muchos casos, una profunda soledad.
El uso torticero de la robótica y la IA para meter miedo a los ciudadanos del mundo es una práctica preocupante que necesita ser abordada con escepticismo científico.
Nos enfrentamos a un fenómeno distinto: una generación que lo tiene todo al alcance de un clic y, sin embargo, parece perder la paciencia y la motivación a pasos agigantados.
Más que un escaparate de talento, a menudo parece una feria de vanidades, donde el exhibicionismo profesional alcanza cotas insospechadas.
El artículo de Spicer no es una manera de llamar a las armas contra la IA generativa, sino un aviso de la vigilancia y adaptabilidad necesarias en la era de la información.
En un mundo dominado por la tecnología, no debemos olvidar las formas de saber tradicionales que nos conectan con nuestro entorno y con las generaciones pasadas.
Algunos usuarios sienten la presión de adornar sus experiencias, inflar sus logros o participar en un juego constante de aparentar ser más exitosos de lo que realmente son.
Las redes sociales, con su capacidad para amplificar voces y fenómenos, han creado plataformas donde la incompetencia, la superficialidad, y hasta la vagancia, no solo se ven normalizadas sino en ocasiones celebradas.









