El rugido del pueblo americano y el silencio ensordecedor de los bocachanclas.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre el pueblo americano y la victoria de Donald Trump , publicado el 7 de noviembre de 2024.
El rugir del pueblo americano
¡Ey Tecnófilos!
Hemos asistido, una vez más, al espectáculo globalizado de criticar lo que no entendemos, de pontificar sin conocimiento de causa y, sobre todo, de ese deporte universal que consiste en dar lecciones desde la comodidad de un sofá europeo, mientras se tuitea indignación con una copa de vino en la mano. Los estadounidenses han hablado, y aunque la elección de Donald Trump pueda ser polémica, el ruido ensordecedor de los bocachanclas no se queda atrás. ¿Qué es peor, un empresario excéntrico en la Casa Blanca o esta turba de adalides del “wokismo” que creen tener la exclusiva sobre la moral y la democracia?
Empecemos por lo obvio: a mí Donald Trump tampoco me gusta. Probablemente nunca lo votaría. Pero, vamos a ser sinceros, ¿quién estaba enfrente? Hillary Clinton en su día; ahora, una sucesión de líderes demócratas que han abrazado una agenda del “buenismo” de diseño, perfumada de incoherencias y plagada de dobles estándares. Proclaman empatía mientras viajan en jets privados, exigen sacrificios medioambientales a los demás mientras disfrutan de mansiones climatizadas, y predican igualdad desde sus torres de marfil. Ellos encarnan la progresión de tarjeta black y visa oro, una élite desconectada de la realidad de las personas a las que dicen defensor.
La lección que nadie quiere aprender.
Lo más interesante de todo esto es la actitud condescendiente de quienes ni siquiera han pisado suelo americano en sus vidas. Gente que, con su boquita llena de superioridad moral, critica a los estadounidenses sin entender lo que significa vivir en un país donde el esfuerzo individual se valora y el éxito no se penaliza. “Trump es un loco, una amenaza para la democracia”, gritan a los cuatro vientos. ¿De verdad? ¿Ese pueblo que ha enfrentado guerras, crisis y un 11-S no será capaz de gestionar cuatro años más de Trump?
Mientras Europa sigue regulando hasta el aire que respiramos, creando burocracia a la velocidad de la luz y dejando que culturas ajenas erosionen nuestros valores, Estados Unidos ha optado por el camino más salvaje, sí, pero también el más honesto con su esencia. Allí premian el esfuerzo, allí quien se cae se levanta, y allí la mediocridad no es una virtud. ¿Es perfecto su sistema? Claro que no, pero al menos no lo adornan con una máscara hipócrita.
Europa, ese barco que se hunde con estilo
Mientras tanto, en el viejo continente, seguimos a lo nuestro. Más regulación, más barreras al emprendimiento, más burocracia, más inmigración descontrolada sin ningún esfuerzo por integrar. Nos hemos convertido en una fortaleza de papel maché, donde los valores que nos definieron se desmoronan día a día. Y cuando las cosas se ponen feas, miramos al otro lado del Atlántico esperando que el “Tío Sam” venga a rescatarnos. Pues adivinad qué: esta vez no va a venir. Estamos solos. Y no parece que estemos preparados.
No confundamos las cosas. No estoy defendiendo a Trump ni a su estilo abrasivo. Lo que me indigna es la ceguera colectiva de quienes critican sin mirar en su propio espejo, de quienes se llenan la boca de palabras vacías mientras nuestra Europa se desangra. ¿Cuánto tiempo más vamos a seguir permitiendo esta mediocridad disfrazada de virtud?
La nueva era: salvaje, impredecible, pero inevitable
Los tiempos que vienen no serán fáciles. Probablemente sean más salvajes, menos predecibles, más caóticos. Pero quizás, solo quizás, sean necesarios. Porque lo que está claro es que el camino del “wokismo” extremo, del buenismo hueco y del paternalismo hipócrita nos ha llevado a una crisis de identidad como civilización. Tal vez necesitamos un buen susto para despertar del letargo.
Al final del día, el pueblo americano hará lo que siempre ha hecho: sobrevivir, adaptarse y salir más fuerte. ¿Y nosotros? Europa, querida, nos toca espabilar.
¡Se me tecnologizan!
