Tengo un amigo marine estadounidense. Y su historia, más que un relato militar, es un manual de motivación que cualquier empresario o directivo debería leer.
Hay canciones que, sin proponérselo, acaban diciendo más verdad que muchos tratados internacionales. Me quedo contigo, de Los Chunguitos, es una de ellas.
Venezuela no atraviesa una crisis coyuntural, sino una fractura profunda de sus bases económicas y sociales.
China es un depredador económico que afila sus dientes, Europa sigue cultivando su huerto de confort y EE UU está cada vez más polarizado.
Donald Trump, este señor que parece sacado de una mala imitación de Shakespeare escrita por un guionista de reality, suelta tranquilamente que más de 70 líderes mundiales le llaman “para besarle el culo”.
Trump se ha descolgado con una de las mayores políticas proteccionistas desde la Gran Depresión.
Mientras China domina la industria, Rusia controla la energía y EE.UU. ostenta la seguridad global, Europa observa, dubitativa
O construyes tu propio imperio o te toca someterte a uno. Y Europa, en su infinita ingenuidad, parece haber olvidado esta verdad fundamental.
Durante décadas, la Unión Europea se ha movido entre la sumisión a los intereses de Estados Unidos y la necesidad de mantener relaciones comerciales con China, sin forjar una estrategia propia ni consolidar una autonomía económica efectiva.
Al final del día, el pueblo americano hará lo que siempre ha hecho: sobrevivir, adaptarse y salir más fuerte.
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