Economía
Falta de conductores y el Congreso de los Diputados

España sin camareros y el Congreso jugando a cambiarse el nombre.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la falta de camareros y cómo parece no importar en el Congreso, publicado el 23 de julio de 2025.

Mientras los bares echan el cierre por falta de personal, el Congreso celebra su pleno más inútil del año. Ni una medida para la hostelería, pero sí un cambio de nombre simbólico que no soluciona nada. España no necesita escaparatismo político: necesita soluciones reales.

¡Ey, tecnófilos! ¿qué está pasando por ahí?

Mientras bares, restaurantes y chiringuitos de toda España se las ven y se las desean para encontrar camareros, el Congreso de los Diputados despide el curso político con un pleno absolutamente irrelevante. Uno de esos que ni sirven para legislar ni para solucionar los problemas reales del país. Eso sí, han tenido tiempo y energía para aprobar un cambio simbólico: dejar de llamarse Congreso de los Diputados y pasar a llamarse simplemente Congreso. Bravo. Aplausos. Medalla al mérito en el escaparatismo político.

La hostelería española está al borde del colapso operativo. Locales que cierran días sueltos por falta de personal. Turnos imposibles. Familias que no encuentran a nadie dispuesto a echar una mano en la temporada alta. Y, al otro lado del espejo, nuestros diputados se van de vacaciones tras meses de absentismo y postureo, con sus dietas intactas y su realidad completamente desconectada de la calle.

Falta de apoyo a la hostelería

¿Alguien en ese pleno de bisutería se ha preocupado por legislar algo para ayudar a la hostelería? ¿Alguien ha abordado seriamente el problema de la falta de relevo generacional, la carga fiscal brutal o el agotamiento de los autónomos que sostienen los bares de este país? Nada. Silencio absoluto. Mejor hablar del nombre del Congreso. Más fácil. No molesta a nadie. No compromete. No incomoda a los socios.

Los empresarios hosteleros llevan tiempo pidiendo soluciones reales: incentivos a la contratación, formación específica, facilidades administrativas, conciliación razonable. Lo que reciben, en cambio, es puro decorado institucional y reformas simbólicas que no les dan ni para pagar una ronda de cafés.

¿Por qué no hay camareros?

¿Y por qué no hay camareros? Porque la precariedad no se combate con palabrería. Porque los horarios de sol a sol, los sueldos apretados y la carga fiscal no hacen atractivo un sector que ha sido históricamente maltratado desde los despachos. Y porque muchos jóvenes, directamente, ni se plantean trabajar en la hostelería si no hay un mínimo de dignidad, formación y expectativa de futuro.

Lo triste es que este sector, uno de los grandes motores del empleo y la economía nacional, sigue siendo ignorado por quienes deberían velar por él. El mismo país que vive de servir cañas al turismo, que presume de gastronomía y sol, no es capaz ni de dotar a sus bares de las condiciones mínimas para funcionar con normalidad. Y en lugar de eso, nuestros diputados se felicitan a sí mismos por cambiar el rótulo de la puerta.

Esto no es política. Es una tomadura de pelo. Y no para de crecer. 

¡Se me tecnologizan!

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.