Cuando un chino viene a España, no quiere ser empleado.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre cómo para un chino ser empleado en España no es una opción, publicado el 12 de junio de 2025.
Cuando un chino llega a España, no busca la comodidad de un trabajo fijo bajo órdenes de otro. Prefiere montar su propio negocio. Mientras tanto, muchos españoles sueñan aún con la seguridad de una plaza de funcionario, confundiendo estabilidad con progreso.
¡Ey, tecnófilos! ¿qué está pasando por ahí?
Mientras Europa sigue anclada en el confort de su “estado del bienestar”, China ha entendido perfectamente cómo prosperar en un mundo globalizado: esfuerzo constante, meritocracia estricta y espíritu emprendedor sin complejos.
Cuando un chino llega a España, no busca la comodidad de un trabajo fijo bajo órdenes de otro. Prefiere montar su propio negocio, compitiendo ferozmente en cualquier sector, desde restauración hasta tecnología. Su objetivo está claro: ser dueño de su destino económico. Mientras tanto, muchos españoles sueñan aún con la seguridad de una plaza de funcionario, confundiendo estabilidad con progreso.
Bienestar social o comodidad
Europa ha cometido el error fundamental de confundir bienestar social con comodidad excesiva, premiando el mínimo esfuerzo y olvidando la importancia de competir e innovar. Frente a esto, la mentalidad china enseña que la vida es competición, que las oportunidades no se regalan, sino que se conquistan trabajando más duro que nadie. Esto explica por qué China está avanzando tecnológicamente a pasos agigantados, controlando sectores estratégicos como el 5G, la inteligencia artificial o la electromovilidad, dejando atrás a Europa en campos que serán claves en las próximas décadas.
El problema no es solo económico, sino profundamente cultural. Europa necesita urgentemente un cambio de paradigma. Debemos aprender de China la importancia de fomentar desde la infancia la cultura del esfuerzo, premiar el mérito real y asumir que emprender no es una opción, sino una necesidad para asegurar el futuro económico.
Aún hay esperanza, porque Europa tiene talento, recursos y potencial de sobra. Sin embargo, el tiempo corre en nuestra contra. Cada día perdido en debates estériles sobre reducir jornadas laborales o aumentar las ayudas sociales sin incentivar el esfuerzo es un día más que China aprovecha para consolidar su liderazgo global.
Si Europa no despierta pronto, corremos el serio riesgo de convertirnos en meros espectadores del éxito ajeno. Debemos reaccionar, abandonar el victimismo y abrazar la audacia, la innovación y el riesgo empresarial como valores fundamentales de nuestra sociedad.
En definitiva, solo recuperando nuestra capacidad de competir podremos garantizar un futuro donde Europa no solo sobreviva, sino que prospere en un mundo cada vez más competitivo y tecnificado.
¡Se me tecnologizan!
