Mientras Europa presume de tapones cosidos, China conquista el mercado global del coche eléctrico. No es un despiste.
China es un depredador económico que afila sus dientes, Europa sigue cultivando su huerto de confort y EE UU está cada vez más polarizado.
China ha encendido todas las alarmas tecnológicas y estratégicas del siglo XXI. Y lo ha hecho sin disparar balas. Literalmente.
Cuando un chino llega a España, no busca la comodidad de un trabajo fijo bajo órdenes de otro. Prefiere montar su propio negocio.
Mientras aquí seguimos debatiendo sobre los tapones de plástico, los colores de los contenedores o el futuro incierto de la movilidad eléctrica europea, China acaba de botar el mayor portacoches del mundo.
Chery, la marca china ya monta coches en la antigua planta de Nissan en Barcelona. Pero eso es solo el tráiler.
Europa está enferma. Enferma de buenismo, de superioridad moral hueca, de “buenrrollismo” institucional, de esa fantasía absurda del “Estado del Bienestar eterno” sin esfuerzo ni sacrificio.
Mientras China domina la industria, Rusia controla la energía y EE.UU. ostenta la seguridad global, Europa observa, dubitativa
O construyes tu propio imperio o te toca someterte a uno. Y Europa, en su infinita ingenuidad, parece haber olvidado esta verdad fundamental.
La industria automovilística europea, otrora líder indiscutible durante décadas, se encuentra en una encrucijada crítica.
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