Aquí no se trata de sustituir a nadie. Se trata de quién sabe surfear la ola y quién está mirando el mar con cara de susto.
La BBC ha publicado hace unas semanas un artículo interesante titulado “IA: 4 preguntas que debemos hacernos antes de usar cualquier herramienta de inteligencia artificial”
China ha encendido todas las alarmas tecnológicas y estratégicas del siglo XXI. Y lo ha hecho sin disparar balas. Literalmente.
Código Violeta es un claro ejemplo de cómo se puede y se debe tecnologizar la vida para preservarla. Hablamos de una aplicación móvil diseñada para mujeres en situación de riesgo de violencia machista.
Un 14 de julio de 1974, el primer satélite del sistema GPS surcaba el cielo. Nadie en aquel entonces —salvo quizás un puñado de ingenieros con fe de visionarios— podía imaginar que aquel artefacto suspendido en la órbita terrestre acabaría guiando millones de vehículos.
El primer trillonario del mundo será alguien anónimo que explote el verdadero poder de la inteligencia artificial. No será Elon Musk ni Jeff Bezos ni Jensen Huang.
Si los derechos no están acompañados de valentía política y operativa para enfrentarse a los verdaderos problemas entonces no valen nada.
Si apartamos el velo del marketing y analizamos el estado real del hidrógeno, la pregunta que flota es incómoda: ¿es el coche de hidrógeno una solución viable?
La noche de San Juan merece contarse, por lo que representa para la seguridad ciudadana, la tecnología y la coordinación entre cuerpos.
Valoración profundamente humana de la IA. Porque hablar de algoritmos sin hablar de personas es como analizar una orquesta solo por las partituras.