Ucrania se tecnologiza para no morir.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre Ucrania y su uso de la tecnología para la guerra, publicado el 3 de junio de 2025.
¡Ey, tecnófilos! ¿qué está pasando por ahí?
Pues que Ucrania ha demostrado al mundo que no solo sabe defender su soberanía con valentía, sino también con tecnología de vanguardia, estrategia quirúrgica y una determinación propia de David frente a Goliat. En plena guerra del siglo XXI, donde la información viaja más rápido que las balas y los drones reemplazan a los tanques, lo que ha logrado Ucrania merece no solo titulares, sino respeto, admiración y un profundo análisis tecnófilo.
¡Vamos a intentar aprender algo!
La llamada «Operación Telaraña», ejecutada el 1 de junio de 2025, ha sido una obra maestra de tecnología, ingeniería militar y audacia estratégica. Ucrania atacó cinco bases aéreas rusas situadas a más de 4.000 kilómetros de sus fronteras con 117 drones kamikaze, camuflados, desplegados desde dentro del propio territorio ruso y programados con inteligencia artificial. El resultado: 41 aeronaves destruidas o inutilizadas, incluyendo bombarderos estratégicos Tu-95, Tu-22M y los codiciados A-50 de alerta temprana. En plata: la tercera parte de la flota estratégica rusa pulverizada.
Esto no ha sido solo un golpe militar. Ha sido una lección global: tecnologizarse o morir también en el campo de batalla. Porque, en 2025, no hay trinchera sin microchip ni victoria sin software. Ucrania, lejos de ser un simple receptor de ayuda internacional, se está convirtiendo en un referente en el uso disruptivo de la tecnología defensiva. Y esto, amigos míos, es lo que separa a los que solo sobreviven de los que lideran.
El ingenio ucraniano ha demostrado que no hace falta ser la primera potencia del mundo para ser la primera en innovar. Drones ensamblados clandestinamente en Cheliábinsk, ocultos en camiones que simulaban cabañas de madera, con IA entrenada para localizar y atacar puntos críticos de aviones estacionados. Ni Hollywood hubiera escrito un guion mejor.
Y mientras tanto, Rusia, ese coloso de la guerra tradicional, sigue atascado en la narrativa del siglo XX. Su Ministerio de Defensa ha admitido el ataque, pero intenta minimizarlo. Las imágenes por satélite y los incendios registrados no dejan lugar a dudas: la sorpresa ha sido absoluta y el coste, millonario.
Es una guerra, sí. Y las guerras son siempre tragedia. Pero también son aceleradores de cambio. Y en esta, Ucrania está firmando un nuevo capítulo de la historia militar, uno que se escribe con código, drones, datos e inteligencia artificial.
Señores estrategas, políticos y burócratas del mundo: la tecnología no es un gasto, es la diferencia entre el ser y la nada. Y quienes no lo entiendan hoy, serán obsoletos mañana. Ucrania no ha vencido, pero ha dado una señal inequívoca: en esta guerra, los que no se tecnologizan… mueren. O como podríamos titular este artículo:
¡Se me tecnologizan!
