40 años como empresario: he ganado, he perdido y todavía tengo ganas de más.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre cómo se ve el autor a sus 62 años, en su mejor prime y con ganas de seguir innovando, publicado el 19 de octubre de 2026.
Cuarenta años de trayectoria empresarial, desde la fundación de su primera empresa en 1986 hasta los actuales proyectos tecnológicos, marcados por la innovación, los riesgos, los éxitos y también los fracasos. Una vida dedicada a emprender que coincide con el quinto aniversario de Nordés Club Empresarial y reivindica el orgullo de ser empresario, el valor de la perseverancia y la ilusión de seguir construyendo nuevos proyectos.
¡Ey Tecnófilos!
Cumplo cuarenta años como empresario. Lo escribo y hasta a mí me cuesta creerlo.
Cuarenta años desde aquel 1986 en el que, con 21 años, decidí fundar mi primera empresa. Cuarenta años levantándome cada mañana con proyectos en la cabeza, tomando decisiones, asumiendo riesgos, acertando unas veces y equivocándome otras. Cuarenta años pagando facturas, afrontando problemas, celebrando éxitos y aprendiendo a convivir con los fracasos.
Y hoy me voy a permitir algo que quizá no hacemos suficientemente los empresarios: sentirme orgulloso de mí mismo y celebrar lo conseguido. Porque, después de cuatro décadas de actividad empresarial, creo que me lo he ganado.
No me han regalado nada. Y tampoco lo esperaba.
Cuando fundé ITC Comunicaciones en 1986 no tenía un manual que me explicase cómo ser empresario. Tenía 21 años, conocimientos de radiocomunicaciones, muchas ganas de trabajar y la ilusión de construir algo propio. Lo que vino después fue una sucesión de aventuras empresariales que me llevó por las telecomunicaciones, la telefonía, la distribución comercial, la localización de vehículos, la gestión de flotas y, especialmente, la aplicación de tecnología a la seguridad y las emergencias.
Fundé empresas, desarrollé proyectos y participé en iniciativas que me permitieron conocer desde dentro algunas de las mayores transformaciones tecnológicas de las últimas décadas. Diga Fonotiendas llegó a contar con 19 establecimientos. Satdata nos permitió trabajar en tecnologías de localización y gestión de vehículos cuando todavía no eran habituales. Más adelante llegaron otros proyectos, otras responsabilidades y nuevos desafíos.
Y hoy, cuarenta años después, sigo trabajando con tecnologías que en 1986 parecían ciencia ficción. No está mal para aquel chaval de 21 años.
Pero que nadie se engañe: llegar hasta aquí ha costado mucho.
Cuando alguien repasa la trayectoria de un empresario suele quedarse con las empresas, los cargos, las fotografías, los reconocimientos o los proyectos que han salido bien. Pocas veces se habla de las noches sin dormir, de las preocupaciones económicas, de las decisiones difíciles o de los sacrificios personales que hay detrás. Yo los conozco bien.
He vivido momentos extraordinarios, pero también otros que no le deseo a nadie. He conocido la satisfacción de ver crecer una empresa y la frustración de comprobar cómo un proyecto en el que habías puesto toda tu ilusión no terminaba como esperabas. He tenido que reinventarme, aprender de mis errores y asumir que en el mundo empresarial no siempre gana quien más trabaja.
También he aprendido que la lealtad es uno de los valores más importantes que existen y que descubrir su ausencia puede salir extraordinariamente caro.
Pero aquí sigo. Y esa es una de las cosas que más orgullo me producen. Porque el verdadero mérito de una trayectoria empresarial no consiste en no caerse nunca. Consiste en encontrar motivos para levantarse cada vez que toca hacerlo.
Hoy celebro mis cuarenta años como empresario. Y también cinco años de Nordés.
Hay una coincidencia que hace que este 28 de octubre de 2026 sea especialmente significativo para mí. Hoy se cumplen cinco años de la apertura de la sede de Nordés Club Empresarial, uno de los proyectos colectivos más importantes en los que he tenido la satisfacción de participar.
Tras nuestra etapa en el Club Financiero Atlántico, cinco compañeros decidimos impulsar una nueva iniciativa empresarial en A Coruña. Queríamos crear un espacio donde los empresarios pudieran encontrarse, compartir experiencias, generar relaciones y desarrollar oportunidades. Así nació Nordés.
Tuve el orgullo de participar como socio promotor, socio fundador y miembro de su primera Junta Directiva. Posteriormente, también desempeñé responsabilidades en su Consejo Asesor.
Lo digo con especial satisfacción porque, entre todas las cosas que he hecho a lo largo de mi vida profesional, haber contribuido a poner en marcha Nordés ocupa un lugar destacado. No todos los días tiene uno la oportunidad de participar en el nacimiento de un proyecto que, con el paso del tiempo, adquiere una dimensión propia y se convierte en un punto de encuentro para tantos empresarios.
Hoy Nordés celebra el quinto aniversario de la apertura de su sede con una gala de premios que reconoce la trayectoria y la aportación de personas y empresas. Y yo celebro mis cuarenta años como empresario.
Cuarenta años de trayectoria personal y cinco años de un proyecto colectivo que ayudé a impulsar. Me produce una satisfacción especial poder celebrar ambas cosas. Porque una de las grandes lecciones que me ha dejado el emprendimiento es que los proyectos verdaderamente importantes son aquellos que consiguen trascender a las personas que los pusieron en marcha.
Ser empresario en España: una aventura no apta para cardíacos
Después de cuarenta años, hay algo que sigo sin entender: por qué en este país nos cuesta tanto reconocer el valor de quienes deciden emprender. No hablo de recibir medallas ni de que nos den las gracias todos los días. Hablo de entender que detrás de cada empresa hay alguien que ha decidido asumir riesgos, invertir recursos, generar actividad y responsabilizarse de decisiones que afectan a otras personas.
He pasado cuarenta años viendo cómo cambian las tecnologías, los mercados, los gobiernos y las normas. Lo que no ha cambiado demasiado es la facilidad con la que se exige al empresario que haga más, arriesgue más, pague más y, además, no se queje.
Pues hoy me voy a permitir reivindicar algo. Estoy orgulloso de ser empresario. Orgulloso de haber fundado empresas, de haber generado actividad económica, de haber participado en proyectos innovadores, de haber contribuido a impulsar iniciativas colectivas y de haber seguido adelante incluso cuando habría sido mucho más fácil abandonar.
No necesito presentar mi trayectoria como una sucesión de éxitos perfectos. Mis errores también forman parte de ella y probablemente me han enseñado tanto como mis aciertos.
¿Volvería a empezar? Sin ninguna duda.
Si pudiera regresar a 1986 y encontrarme con aquel joven de 21 años que estaba a punto de fundar su primera empresa, seguramente le daría algunos consejos. Le diría que eligiese bien a sus compañeros de viaje, que no confiase demasiado deprisa, que aprendiese a distinguir entre una oportunidad y un problema, que cuidase más su tiempo y que entendiese que no todas las batallas merecen ser libradas.
Pero jamás le diría que renunciase a emprender. Porque, con todo lo que he vivido, sigo pensando que pocas cosas resultan tan apasionantes como tener una idea y luchar por convertirla en realidad.
Hoy, a mis 62 años, sigo trabajando, aprendiendo, escribiendo, participando en proyectos tecnológicos y pensando en lo que viene después. La inteligencia artificial, las comunicaciones críticas y las nuevas soluciones para la seguridad y las emergencias siguen despertando en mí la misma curiosidad que sentía cuando empecé. Y todavía tengo unas cuantas cosas que decir.
Hoy quiero celebrar. Celebrar cuarenta años de vida empresarial. Celebrar los proyectos que salieron bien y las lecciones que me dejaron los que salieron mal. Celebrar a las personas que me acompañaron, a quienes confiaron en mí y a quienes me ayudaron a seguir adelante.
Celebrar también que hace cinco años abría sus puertas la sede de Nordés, una iniciativa de la que me siento especialmente orgulloso de haber sido impulsor. Y, sobre todo, celebrar que, después de cuatro décadas de esfuerzo, sacrificios, riesgos, satisfacciones y algún que otro disgusto, sigo teniendo la misma ilusión por emprender.
Cuarenta años después, aquí sigo. Con más experiencia, unas cuantas cicatrices y muchas historias que contar. Y con algo que considero todavía más importante: las ganas de seguir escribiendo las próximas.
¡Se me tecnologizan!