En AVRIL somos los últimos de la fila.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, donde habla sobre los nuevos trenes AVRIL en Galicia y sus continuos retrasos , publicado el 09 de agosto de 2024
¡Ey Tecnófilos!
En una época en la que la eficiencia y la puntualidad deberían ser el pan de cada día en los servicios de transporte, especialmente en aquellos de alta velocidad, nos encontramos con un panorama desolador en Galicia. Y es que los trenes Avril, aquellos prometidos como la solución a los problemas de conectividad entre Galicia y Madrid, parecen haberse convertido en un chiste de mal gusto. Un chiste que, desafortunadamente, ni hace gracia ni ofrece la más mínima sensación de fiabilidad. De hecho, podríamos rebautizarlos como «En Avril somos los últimos de la fila».
El artículo de prensa no deja lugar a dudas: solo el 23% de estos nuevos trenes llegan a su destino a tiempo. Si esto fuera un examen, Avril no solo suspendería, sino que estaría en riesgo de repetición de curso. Nos prometieron un servicio de alta velocidad y lo que nos entregan es una especie de “tren de la bruja” disfrazado de modernidad. Un 80% de impuntualidad es inaceptable para un país que aspira a estar en la vanguardia de la tecnología y la infraestructura.
Y aquí surge la gran pregunta: ¿cómo es posible que, tras años de planificación, desarrollo y una millonada invertida, el resultado sea tan mediocre? La empresa Talgo, encargada de la fabricación de estos trenes, ha admitido problemas de puesta en marcha. Bien, es comprensible que toda tecnología nueva tenga sus desafíos, pero lo que no es admisible es que esos «desafíos» se traduzcan en un servicio pésimo para el usuario final. Los viajeros no están para ser cobayas de laboratorio.
El gobierno ha prometido soluciones y una comunicación fluida con la Xunta. Pero, francamente, las promesas no nos llevan de A Coruña a Madrid en tiempo y forma. Lo que se necesita son acciones, y rápidas. Estamos hablando de un problema que afecta a cientos, si no miles, de personas cada día. Y no, no se trata solo de los gallegos. Cualquier persona que dependa de estos trenes, ya sea por trabajo o por ocio, se ve perjudicada por esta falta de seriedad.
Resulta curioso que, en un país que se enorgullece de su AVE, nos encontremos con que en Galicia seguimos siendo “los últimos de la fila”. Como si de una broma pesada se tratara, parece que mientras en otras regiones se disfruta de servicios ferroviarios que son la envidia del mundo, aquí tenemos que conformarnos con un tren que más bien parece sacado de los años 90, cuando la puntualidad y la eficiencia eran poco más que un sueño lejano.
En definitiva, los trenes Avril han resultado ser una auténtica decepción. Ya no se trata de mejorar, sino de cumplir con lo mínimo: llegar a tiempo. Y hasta que eso no se logre, toda promesa de mejora suena vacía y desalentadora. Los gallegos merecen un servicio digno, y no quedarse una vez más en el vagón de cola de las prioridades nacionales.
¡Se me tecnologizan!
