En una época en la que la eficiencia y la puntualidad deberían ser el pan de cada día en los servicios de transporte, especialmente en aquellos de alta velocidad, nos encontramos con un panorama desolador en Galicia.
Cada acrónimo era una pequeña obra de arte, fruto de la imaginación desbordante de la infancia, donde cada letra escondía una historia, una anécdota, un pedazo de nuestra vida cotidiana.

