Radiografía de un TODÓLOGO.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la radiografía de un TODÓLOGO, publicado el 25 de julio de 2025.
¡Ey, tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
Hay una figura fascinante —casi mitológica— que habita entre nosotros, pulula por las redes sociales con la soltura del que se cree sabio y la profundidad del que ha leído medio artículo y ya se siente Sócrates. Se trata del Todólogo, criatura nacida en España, amamantada por las tertulias de sobremesa y criada, en su madurez, en los foros de LinkedIn, ese templo moderno de la autoayuda corporativa y la filosofía de PowerPoint.
El Todólogo no estudia: intuye. No contrasta: siente. No duda: afirma.
Y lo hace, además, con una autoridad que ya quisieran los catedráticos de Salamanca. Porque el Todólogo no necesita “Auctoritas”, le basta con un perfil con buena foto, una frase motivacional y una lista interminable de “experiencias transversales” que van desde el coaching cuántico hasta la geopolítica del arroz integral.
Vamos a intentar aprender algo.
Este personaje no tiene problema en dar su opinión sobre el conflicto en Ucrania, la salud mental de los adolescentes, la digitalización de las pymes, la IA generativa, la nueva ley de vivienda o la manera más ética de pelar un kiwi… todo en la misma semana. Porque él sabe. O mejor dicho, cree que sabe. Y eso, en el ecosistema de los likes, es más que suficiente.
Dice frases como: – “Lo importante no es saber, es estar dispuesto a aprender” (mientras te explica cómo deberías llevar tu empresa). – “No soy experto, pero…” (y a continuación te lanza un hilo de 17 puntos que parece escrito por un loro que se tragó un libro de autoayuda). – “Desde la humildad, yo creo que…” (y luego se autoproclama referente del sector).
El Todólogo es además un experto en lo que podríamos llamar “la técnica del espejo retrovisor”. Es decir, te explica hoy lo que debería haberse hecho hace un mes, con una claridad pasmosa, como si él lo hubiera advertido en su día (aunque nadie recuerde que lo dijera, ni por asomo).
Por supuesto, no ha montado una empresa en su vida, pero te explica cómo deberías liderar la tuya. No ha gestionado un ERTE, pero te da lecciones sobre gestión de crisis. No ha dirigido un equipo ni en el FIFA, pero es experto en “liderazgo transformacional”.
LinkedIn es su hábitat natural. Allí suelta frases como “liderar es servir” o “la pasión mueve montañas”, acompañadas de una foto mirando al horizonte, como si acabara de bajar del Everest cuando en realidad está en una cafetería de coworking.
Y cuidado: el Todólogo siempre acaba en coaching. Porque cuando se agotan las tonterías, siempre queda la “escucha activa”.
España, cuna del barroco, la picaresca y el chascarrillo, no podía ser menos en esto. Hemos perfeccionado la todología hasta convertirla en un arte: el arte de opinar con rotundidad sobre todo, sin saber apenas de nada.
Eso sí, como buen opinador universal, el Todólogo es incapaz de aplicar a su vida lo que predica. Por eso, su lema bien podría ser el clásico: “Consejos vendo que para mí no tengo”.
Y tú ahí, sudando la gota gorda para sacar adelante tu negocio mientras otro con perfil de tertuliano te explica que el problema es tu mentalidad.
¡Se me tecnologizan!
