Papá, cuando sea mayor voy a ser ingeniera
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre esfuerzo y tecnología para romper la brecha digital, publicado en Mundiario el 6 de noviembre de 2023.
¡Ey Tecnófilos!
En 1999, mientras el mundo se preparaba para el cambio de milenio, yo celebraba un cambio de vida con la llegada de mi pequeña.
Hoy, en un día tan especial como el 6 de noviembre, me embarga la nostalgia y el orgullo al recordar un momento que marcó el inicio de una era: el nacimiento de mi hija Lucía. En 1999, mientras el mundo se preparaba para el cambio de milenio, yo celebraba un cambio de vida con la llegada de mi pequeña. En aquel entonces, mi primera empresa tecnológica ya tenía casi 14 años, y yo estaba inmerso en el universo de circuitos, transmisores, antenas y computadoras.
Lucía creció en un hogar donde la tecnología no era solo un acompañante, sino un miembro de la familia. Los destellos de las pantallas y el zumbido de los equipos eran nuestra banda sonora cotidiana. No es de extrañar que, desde pequeña, mostrara una curiosidad insaciable por ese mundo de posibilidades infinitas que yo manejaba con tanta pasión.
Recuerdo como si fuera ayer, estaba yo en mi despacho, inmerso en la programación de un equipo de radiocomunicaciones, cuando su voz infantil irrumpió en mi concentración: «Papá, cuando sea mayor voy a ser ingeniera». Aquellas palabras, pronunciadas con la inocencia y la firmeza que solo los niños poseen, me hicieron sonreír. En aquel momento, no tomé su declaración más que como una dulce imitación, un juego de niños que buscan en sus padres un espejo donde mirarse.
Sin embargo, Lucía no estaba jugando. Aquel día, sin saberlo, estaba sembrando la semilla de su futuro. Y así, entre juegos y estudios, entre mi trabajo y sus sueños, Lucía fue creciendo y, con ella, su determinación.
La tecnología, lejos de ser un simple escenario de su infancia, se convirtió en su vocación.
Hoy, al borde de convertirse en Ingeniera Informática, miro atrás y comprendo que aquel «Claro que sí, cariño, seguro que lo serás» fue más que una respuesta paternal. Fue un vaticinio de lo que la pasión, la constancia y la influencia de un modelo a seguir pueden forjar.
Este artículo es, por tanto, un reconocimiento a su esfuerzo, a su tenacidad y a su valentía. Lucía no solo ha seguido una tradición familiar, sino que ha trazado su propio camino, demostrando que la tecnología no es un reino exclusivo de ninguna generación. Ella representa esa maravillosa capacidad de los jóvenes de tomar las herramientas que les brindamos y usarlas para construir un mundo que nosotros apenas podemos imaginar.
Quiero que este relato sirva de inspiración, no solo para aquellos padres y madres tecnófilos que ven en sus hijos un reflejo de su pasión, sino también para esos jóvenes que, como Lucía, ven en la tecnología un camino a seguir, un desafío a conquistar y un mundo a mejorar.
La brecha digital es un problema muy grave, y es por eso que historias como la de Lucía son tan importantes. Nos recuerdan que la tecnología es una herramienta poderosa para cerrar esa brecha, para hacer nuestras empresas más competitivas y nuestras sociedades más inclusivas.
Así que, a todos los que están al otro lado de la pantalla, les digo: no subestimen el poder de un modelo a seguir, ni el impacto de las palabras de aliento en el corazón de un niño. La tecnología es el lienzo, pero son ellos, con su imaginación y su esfuerzo, quienes pintan el futuro.
Y a ti, Lucía, solo puedo decirte: sigue adelante, sigue soñando y sigue construyendo. El mundo está esperando por las maravillas que tu mente ingeniosa y tu corazón valiente pueden traer.
