Entrenar el cuerpo está bien. Entrenar la mente es obligatorio.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la importancia de entrenar el cuerpo y la mente, publicado el 5 de octubre de 2025.
¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
Son las siete de la mañana de un domingo. Mientras la mayoría del mundo aún duerme, yo ya estoy en mi despacho. No por obligación, sino por costumbre. Madrugar se ha convertido en una forma de respeto hacia mí mismo. Es mi día de descanso, sí, pero eso no significa que se apague el entrenamiento. Hoy no toca sudar en el gimnasio ni correr detrás de una pelota. Hoy toca trabajar otro músculo: la mente.
Sobre la mesa me acompañan hoy cinco compañeros de batalla. No son “libros de moda”, son herramientas de guerra. Epicteto con su Enquiridión me recuerda que lo importante no es lo que pasa, sino cómo reacciono. Frankl me enseña en El hombre en busca de sentido que incluso en medio del dolor hay propósito. Taleb con Antifrágil me empuja a aceptar el caos y crecer con él. Marcos Vázquez en Invicto me da el método para convertir disciplina en libertad. Y Carlos Pérez y Néstor Sánchez, con El ayuno intermitente, me demuestran que la biología también se puede entrenar con inteligencia, no con sufrimiento.
Todos hablan de lo mismo, aunque en idiomas distintos: resistencia, propósito, antifragilidad y conciencia. Cuatro pilares para cualquier persona que quiera ser libre de verdad.
Esta semana entrené cuatro días en el gimnasio y ayer tuve mi tercera clase de tenis. Mi cuerpo ha trabajado. Hoy le toca al cerebro. La lectura es mi gimnasio mental: me ayuda a ordenar, a entender, a no dejar que la rutina devore el pensamiento. Leer me calma, pero también me reta. Me obliga a repensar lo que doy por sentado. Me saca de la jaula invisible del día a día.
En un rincón, la emisora encendida. Mi walkie REMER. No está ahí por estética, está ahí porque la alerta forma parte de mi descanso. Servir a Protección Civil no es una afición, es una responsabilidad. Es la prueba de que se puede estar relajado sin estar desconectado. Que el equilibrio no se alcanza aislándose, sino aprendiendo a convivir con la atención justa.
Mientras muchos asocian el descanso con la evasión, yo prefiero entenderlo como una reorganización del alma. Descansar no es huir del esfuerzo, es cambiar el tipo de esfuerzo. Hoy el hierro es papel, el sudor es tinta, y el entrenamiento es silencio.
Leer, pensar, anotar, respirar. Eso también es prepararse. Porque si no entrenas la mente, el cuerpo acaba obedeciendo a la pereza. Y si no entrenas la calma, cualquier ruido te domina.
Por eso, cada domingo me levanto pronto. No para correr, sino para pensar mejor. Porque el día que dejas de aprender, empiezas a oxidarte. Y ya sabes lo que siempre digo: tecnologizarse o morir… pero con la mente en forma.
¡Se me tecnologizan!
