Radiocomunicaciones
Radioaficionado

El mundo desde mi antena: crónica de un tecnófilo en las ondas.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre su pasión por las radiocomunicaciones y como radioaficionado, publicado el 09 de julio de 2025.

¡Ey, tecnófilos! ¿qué está pasando por ahí?

En el año 1980, cuando las televisiones eran de tubo, los ordenadores eran un lujo inalcanzable y las comunicaciones globales eran privilegio de gobiernos y grandes corporaciones, un joven de nombre José Antonio Ferreira Dapía, con apenas dieciséis años, recibía su primera licencia de radioaficionado: EC1BYK.

Aquello no era una simple autorización administrativa, era el pasaporte a una dimensión paralela donde el conocimiento, la pasión y la tecnología se entrelazaban con un solo objetivo: comunicarse con el mundo.

Montado sobre un modesto equipo, y con una antena que desafiaría las leyes de la estética urbana pero que obedecía como un reloj a las de la propagación ionosférica, aquel adolescente comenzó a recorrer el planeta sin moverse de casa. No tenía ni visa, ni dinero, ni edad para viajar, pero noche tras noche y banda tras banda, su voz y sus datos cruzaban los cinco continentes.

Con los años llegó la licencia definitiva, EA1DUS, y con ella la consolidación de una trayectoria que hoy abarca más de cuatro décadas de actividad ininterrumpida en las ondas. Este indicativo, que para muchos sería apenas un código alfanumérico, representa una historia de perseverancia, de experimentación técnica, de comunidad global y, sobre todo, de aprendizaje empírico.

Conectado con el mundo

En estos más de 11.600 contactos confirmados con estaciones de todo el mundo, se ha acumulado algo más que logros técnicos: se ha trazado un mapa humano del planeta. 7.923 estaciones únicas contactadas. Más de 100 países distintos. Desde estaciones en Groenlandia hasta radioaficionados en Sudáfrica, pasando por Japón, Islas del Caribe, estaciones móviles en barco y corresponsales en lugares que ni siquiera figuran en los catálogos turísticos.

Muchas de estas personas jamás las verá en persona, pero compartieron durante unos minutos el mismo lenguaje, la misma frecuencia, la misma pasión.
Los datos lo corroboran:

  • Bandas más utilizadas:
    • 20M: 2.869 QSOs
    • 15M: 2.611
    • 10M: 1.590
    • 17M: 1.171
    • 40M: 1.107
    • 12M: 843
    • 30M: 714
    • 6M: 397
    • 80M: 175
  • Modos operativos:
    • FT8: 7.555 contactos
    • MFSK: 2.648
    • PSK: 1.106
    • RTTY: 241
    • SSB (fonía): 73
    • CW (telegrafía): 2
  • Submodos específicos:
    • FT4: 2.544
    • PSK31: 1.084

Este perfil de operación indica una clara evolución desde la fonía y la telegrafía clásicas hacia modos digitales avanzados como FT8 y FT4, que permiten trabajar con señales mínimas y conexiones casi imposibles en condiciones normales. Lejos de anclarse en la nostalgia, EA1DUS ha sido un operador que se ha tecnologizado con los tiempos, adaptándose a las nuevas herramientas, protocolos y retos.

Hazte radioaficionado

Y aquí va el mensaje para ti, joven estudiante de Electrónica, de Telecomunicaciones, de Informática o simplemente apasionado de la tecnología: hazte radioaficionado. Porque la radio no es un vestigio del pasado, es un banco de pruebas brutal para tu mente técnica. Ahí aprenderás de verdad cómo se comportan las ondas, qué significa una SWR descontrolada, cómo afecta el ciclo solar a tus comunicaciones o cuánta ingeniería puedes destilar con un soldador, un analizador de espectro y un poco de paciencia.

Aprenderás más sobre propagación, impedancia, circuitos resonantes, módulos digitales, protocolos de comunicación, antenas direccionales y redundancia de sistemas que en tres años de teoría. Y, lo más importante, aprenderás a escuchar antes de hablar, una lección olvidada en la era de los selfies y las opiniones inmediatas.

Ser radioaficionado no es soplarle al micro. Es hacer comunidad, es dar apoyo en emergencias, es conectar a las personas, es tender puentes invisibles por los que circula la esperanza, la amistad y el saber. Es una forma de mirar el mundo con los oídos, de viajar sin moverse, de comprobar que todavía hay lugar para la magia en la tecnología.

Y si tienes dudas, pregúntale a José Antonio cuánto le ha cambiado la vida. Porque puede que no haya estado físicamente en Yakarta, ni en Anchorage, ni en Tierra del Fuego, pero su señal sí. Y eso, para los que amamos la tecnología, vale oro puro.

¡Se me tecnologizan!

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