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El herrero de dos mundos

El herrero de dos mundos

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre el simil de que siempre somos herreros de algo y debemos forjar nuestro destino, publicado el 11 de septiembre de 2025.

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?

Si de mi abuelo Paco aprendí que en casa del herrero amanece más temprano, de mi tío Juan aprendí que se puede ser herrero incluso con traje y corbata. Pasó su vida en el Banco Pastor, pero al salir del banco volvía al yunque, al calor de la fragua que le había enseñado su padre.

Ese contraste, que a muchos podría parecer contradicción, en realidad era coherencia pura. Porque el hierro y los números tienen algo en común: ambos requieren precisión, paciencia y fuerza. En el banco, manejaba cifras con rigor. En la fragua, daba forma al metal con la misma seriedad. Dos mundos distintos, una misma ética: trabajar sin descanso y con orgullo.

Y aquí está la lección para cualquier empresario o autónomo: no eres solo lo que pone en tu tarjeta de visita. Eres lo que haces cuando nadie te ve, cuando terminas tu “jornada oficial” y aún tienes fuerzas para seguir construyendo. Tío Juan no necesitaba posturear. Sabía que la fragua le recordaba quién era, y que el banco le daba de comer. Su vida era una combinación de pragmatismo y raíces.

En el mundo de la empresa de hoy, muchos olvidan eso. Creen que el éxito es solo un despacho, un cargo o una foto en LinkedIn. Y sin embargo, la grandeza está en recordar que siempre somos herreros de algo. El que no lo entiende, acaba viviendo de relatos. El que lo entiende, forja su destino.

Mi abuelo y mi tío lo demostraron con hierro, sudor y disciplina. Y yo, cada vez que los recuerdo, me repito lo mismo: el empresario, como el herrero, nunca deja de forjar.

¡Se me tecnologizan!

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