Decálogo para esos que “lo saben todo” (pero no han hecho nada).
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre el decálogo para ese tipo de personas que lo saben todo, publicado el 03 de agosto de 2025.
¡Ey, tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
Para todos esos iluminados del LinkedIn, los profetas del coaching de saldo, los gurús del consejo fácil y los licenciados en nada pero expertos en todo… aquí va, con todo el cariño y un poquito de vinagre gallego, nuestro humilde decálogo. Una guía para que, si aún les queda algo de vergüenza, se la encuentren en el bolsillo junto a los apuntes de primero de postureo.
1. Si nunca lo has hecho, no lo expliques. Hablar sin experiencia no es sabiduría, es teatro. Y el público ya huele el cartón piedra desde la primera fila.
2. No confundas “tener opinión” con “tener razón”. Que tengas WiFi no significa que tengas idea. Escribir no te convierte en experto. Te convierte, con suerte, en usuario.
3. La auctoritas no se improvisa. Se construye. Con errores, con cicatrices, con calle, con años. Y no, un curso de 20 horas no te la da.
4. El que da consejos sin que se los pidan… suele necesitar terapia. O amigos. O alguien que le escuche. Pero desde luego, no un micrófono.
5. Si usas frases de Paulo Coelho o Mr. Wonderful, sal del aula. Eso no es formación. Es decoración emocional para mentes perezosas.
6. El que más habla, suele ser el que menos factura. Porque mientras tú das charlas sobre liderazgo, otros están liderando sin hablar tanto.
7. No hay nada más triste que un coach que necesita que lo coachen. Si tu vida es un caos, empieza por ordenar tu cuarto antes de dar “claves para el éxito”.
8. El que presume de humildad, miente. Y probablemente te lo estará contando en una foto en blanco y negro, con cara de ‘he leído medio libro’.
9. La experiencia no se puede piratear. No se compra, no se tuitea, no se imita. O la tienes o no la tienes. Punto.
10. El silencio es una opción. Si no tienes nada valioso que decir, cállate. De verdad, se agradece.
Tecnófilos, que no os vendan humo disfrazado de consejo. Que no os deslumbren los altavoces sin contenido. Porque los que de verdad saben… no andan por ahí dando lecciones, sino resolviendo problemas.
¡Se me tecnologizan!
