Empresas
Perdida de peso

Aviso para cegatos emocionales.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre los cegatos emocionales y sus faltas de respeto, publicado el 19 de octubre de 2025.

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?

Llevo días leyendo los comentarios de un post en el que contaba, sin más pretensión que compartirlo, que mi empresa casi me cuesta la vida. Hablaba de cómo pasé de fumar dos paquetes y medio diarios y pesar más de 250 kilos a recuperar la salud, la energía y la cabeza. Nada heroico, solo una historia real. Y lo que más me ha sorprendido no ha sido el apoyo —que agradezco de corazón—, sino el grado de ceguera emocional de algunos.

Gracias a los que entendisteis el mensaje: que el éxito no puede ir por delante de la salud, que el cuerpo tiene límites y que el estrés, el insomnio y la ansiedad matan, aunque no de golpe. Gracias a los que aportasteis experiencias parecidas, a los que contasteis que también habíais estado al borde, a los que hablasteis con respeto y empatía. A los que comprendéis que esto no va de gordura ni de estética, sino de supervivencia.

Y ahora, vamos con los otros. Con los que reducen una vida a una ecuación de calorías. Con los que confunden la empatía con debilidad. Con los que hablan de “pienso”, “hábitos” y “realismo” mientras esconden su falta de humanidad detrás de un teclado. Esos que, incapaces de construir nada, se sienten poderosos señalando lo que desconocen.

A todos esos “gurús del sentido común”, os tengo una mala noticia: el cuerpo no es una hoja de Excel. No todo se explica con “comer menos y moverse más”. El estrés crónico altera tus hormonas, destroza tu sistema inmune y convierte cada día en una batalla invisible. Eso no es falta de disciplina, es biología. Y quien no lo entienda, que lea antes de opinar.

He visto morir a empresarios que parecían invencibles. No por falta de talento, sino por exceso de carga. Porque cuando llevas la responsabilidad de decenas de familias en la espalda, la presión te pasa factura, y el cuerpo —ese que tanto presume el ignorante— empieza a cobrar intereses.

Por eso este artículo no es una queja. Es un aviso para cegatos emocionales: Si no entiendes la relación entre la salud y la empresa, es que nunca has tenido una empresa de verdad. Porque cuando duermes tres horas, comes a deshoras y te crees inmortal, no necesitas un espejo: necesitas parar.

Gracias de nuevo a los que entendisteis el fondo. A los que defendisteis el respeto y la decencia. Y a los que, aun sin haber pasado por lo mismo, supisteis mirar más allá del físico. Eso se llama humanidad, y escasea.

A los demás, los que van por la vida con el dedo acusador y el alma dormida, solo un recordatorio: La empatía no engorda, pero la soberbia sí que envejece mal.

¡Se me tecnologizan!

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