En la empresa, el empresario es el que arruina a sus socios con trampas, pero también el que levanta empleo sólido, el que no cede a la tentación fácil y el que hace de su trayectoria una lección de integridad
Hay libros que te acompañan de por vida y que no se leen, se respiran. Uno de ellos es El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl.
Solo hay dos tipos de personas: buenas o malas. El que es malo, es malo. Punto. Ahora bien, hay personas buenas que se equivocan.
Afilar el hacha es la metáfora perfecta para hablar de preparación, planificación y estrategia; es entender que el tiempo invertido en formarte, en probar herramientas, en ensayar y medir.
Hubo una generación que no necesitó coaches, ni terapias de TikTok, ni manuales de autoayuda. Una generación que aprendió la resiliencia no en conferencias motivacionales, sino en la calle.
15 de septiembre de 2008. El día que Lehman Brothers, ese coloso financiero con más de 150 años de historia, se desplomó como un castillo de naipes.
Lo confieso sin rodeos: soy un prepper. Y no lo digo como quien se esconde tras una etiqueta exótica, sino con la serenidad de quien asume que la previsión es una forma de vida.
El MELASUDISMO no es un estado mental, es un estado vital. No es resignación. Es discernimiento. No es despreocupación.
Hay una nueva plaga digital que no necesita ni patógenos ni murciélagos: los smoke sellers, esos vendedores de humo disfrazados de gurús del éxito.
No sé si lo mío es un pecado o una bendición, pero lo confieso: soy liberal. Creo en menos Estado y más sector privado.









