SOLO HAY DOS TIPOS DE PERSONAS: BUENAS O MALAS.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre los dos tipos de personas que el califica como buenas o malas, publicado el 21 de septiembre de 2025.
¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
Yo siempre lo digo: soy digital. Para mí la vida se entiende en unos y ceros. Blanco o negro. Encendido o apagado. Bueno o malo. No hay grises que valgan.
Y en las personas aplico la misma lógica: solo hay dos tipos de personas: buenas o malas. El que es malo, es malo. Punto. Ahora bien, hay personas buenas que se equivocan —porque la vida les empuja a veces a tomar decisiones erróneas— y que pueden causar daño a terceros. La diferencia fundamental es que una persona buena reconoce su error y se arrepiente sinceramente. La mala, no. Esa es la frontera.
Para ordenar todo esto en mi cabeza, hace años inventé mi propia clasificación: la lista PB&PM (Papa Bravo & Papa Mike). Una especie de estantería invisible y confidencial donde archivo a la gente.
- En la balda de arriba, en el lado de las Personas Buenas, están mi esposa, mis hijas y mi suegra. Los que ya han fallecido pasaron a otro archivo, pero siempre presentes.
- Debajo de la familia, guardo a los menos de cinco amigos verdaderos que tengo. Después vienen los “amigos”, los “bastante allegados” y los “conocidos”.
- En la estantería paralela de las Personas Malas, arriba del todo, está el ranking de los HDP (Hotel Delta Papa): los que me han hecho daño real a mí o a los míos. Por debajo se ordenan en niveles similares a los del lado bueno, según la intensidad de la decepción o la traición.
¿Para qué sirve esta estantería? Para digerir la vida. Para que mi forma de ser y mi inteligencia separen el grano de la paja. Para valorar mejor lo bueno y fagocitar las toxinas de lo malo. Es mi higiene mental, mi archivo personal. Y es confidencial: solo yo lo conozco.
El símil digital lo deja claro: 1 = buena persona, 0 = mala persona. No hay más. Igual que en informática no existe el “casi un uno” ni el “casi un cero”, en mi vida no hay “casi bueno” ni “casi malo”.
Y aquí conviene poner ejemplos, porque la sociedad tiene una habilidad perversa para intentar justificar lo injustificable:
- El maltratador que golpea a su mujer pero nunca levantó la mano contra sus hijos. ¿Eso lo hace “menos malo”? No. Es malo. Punto.
- El ladrón que roba a los ricos, como Luis Roldán, que se llevó el dinero de los fondos reservados mientras iba de hombre ejemplar. ¿Eso lo convierte en Robin Hood? No. Fue un ladrón. Malo.
- El banquero que se cae del pedestal, como Mario Conde, que muchos aún intentan pintar como un visionario mal comprendido. ¿Se puede ser bueno mientras arruinas a miles de accionistas y empleados? No. Malo.
- El comisario Villarejo, convertido en símbolo de cloacas y conspiraciones. Hay quien lo quiere justificar como “un patriota que hacía el trabajo sucio por España”. ¿Trabajo sucio? No. Corrupción pura. Malo.
- O los terroristas de ETA, que justificaban los tiros en la nuca diciendo que sus víctimas “lo merecían”. ¿De verdad alguien puede blanquear eso? Malo es malo.
La vida real está llena de estos intentos de matizar la maldad. Pero no se puede ser buena persona “con un poco de maldad” ni mala persona “con un poco de bondad”. La línea es clara: o reconoces el error y te arrepientes de corazón, o formas parte del cero absoluto, del lado oscuro de la estantería.
Ahora bien, con el paso del tiempo estoy haciendo mi transición al mundo cuántico. Sí, porque hay personas que viven en superposición: son capaces de ser 1 y 0 al mismo tiempo. Buenas en unas cosas, malas en otras. Pero cuidado: tarde o temprano, como en física cuántica, la función de onda colapsa. Y ahí se muestran tal cual son. En ese momento, los archivo definitivamente en la estantería que les corresponde.
Porque así lo creo: la memoria sin orden es un vertedero. Y la vida, al final, se gestiona mejor cuando tienes claro quién está en tu lado bueno y quién en el malo. Y si alguien duda en qué estantería está, tranquilo: el tiempo y sus actos lo acaban colocando en la balda correcta.
¡Se me tecnologizan!
