Desarrollo
la generación de los hijos de la escasez y la generación de cristal

Los hijos de la escasez frente a la generación de cristal.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la llamada generación de cristal, publicado el 17 de septiembre de 2025.

Eran los hijos de la escasez. Los que crecieron leyendo emociones en los gestos, no en emojis. Los que sabían si su madre estaba de buen humor por el modo en que sonaban los platos en la cocina. Los que llevaban las llaves colgadas al cuello con siete años y una nota que decía: “La comida está en la nevera. Caliéntala tú mismo.”

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?

Hubo una generación que no necesitó coaches, ni terapias de TikTok, ni manuales de autoayuda. Una generación que aprendió la resiliencia no en conferencias motivacionales, sino en la calle, con las rodillas llenas de cicatrices y la barriga llena de pan con azúcar.

Eran los hijos de la escasez. Los que crecieron leyendo emociones en los gestos, no en emojis. Los que sabían si su madre estaba de buen humor por el modo en que sonaban los platos en la cocina. Los que llevaban las llaves colgadas al cuello con siete años y una nota que decía: “La comida está en la nevera. Caliéntala tú mismo.”

Bebían agua de la manguera, se curaban rasguños con saliva y hojas de llantén, y aprendieron a improvisar con cinta aislante, clips o alicates. Sobrevivieron a veranos sin crema solar y a inviernos sin calefacción digital. Y nunca se quejaron.

Son los últimos que jugaron en la calle hasta anochecer sin que sus padres los rastrearan por GPS. Los últimos que rebobinaban casetes con un lápiz y luego se adaptaron al MP3 y después al streaming. Los últimos que recordaban cumpleaños de memoria y usaban agendas de papel.

Hoy, muchos los etiquetan con desdén como “los que no entienden la tecnología”. Error garrafal. Fueron ellos los que pasaron de un mundo analógico a un mundo digital y lo hicieron suyo. Los que trabajaron sin ordenadores, luego con fax, después con correo electrónico y hoy manejan Zoom, Teams y smartphones como cualquiera.

Mientras tanto, la llamada “generación de cristal” presume de sensibilidad, pero a menudo confunde fragilidad con empatía. Creen que todo debe ser fácil, inmediato y cómodo. Se quejan por un mensaje sin responder, por un WiFi lento o por una oficina sin aire acondicionado. Esa mediocracia que hoy se impone intenta igualar por abajo, castigando el mérito y despreciando el esfuerzo.

Y aquí está la paradoja: aquellos que fueron criados en la escasez, en la responsabilidad y en el silencio, son los mismos que hoy, con más de 50 años, lideran empresas, cuidan de sus padres, sostienen a sus hijos y hasta se ocupan de sus nietos. Todo a la vez. Sin aspavientos. Sin victimismo.

No son la generación del ruido. Son la generación del criterio. Y en un mundo saturado de datos y opiniones huecas, tener criterio es el verdadero superpoder.

¡Se me tecnologizan!

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