Emprendimiento Empresas
realidad del emprendedor

En casa del herrero… amanece más temprano

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?

Todos conocemos el refrán clásico: “En casa del herrero, cuchillo de palo.” Pero en la empresa, con un poco de sarcasmo, yo lo reformularía: “En casa del herrero… amanece más temprano.” La realidad del emprendedor.

¿Por qué? Porque al herrero, como al empresario, no le queda otra que levantarse antes que nadie. Mientras los demás siguen dormidos, él ya tiene el fuego encendido, el martillo en la mano y la fragua rugiendo. En la empresa, pasa lo mismo: si esperas a que todo el mundo despierte para empezar, ya vas tarde.

El empresario no madruga porque le guste ver el amanecer con un café romántico. Madruga porque si no, se le adelanta el competidor, se le escapa el cliente o le come el terreno la burocracia.

El herrero necesita calor para moldear el hierro; el empresario necesita horas extras para moldear su negocio.

El sarcasmo está en que los demás, los que no entienden este juego, ven al herrero/empresario y dicen: “¡Qué suerte tiene! Le va bien.” Claro, qué suerte: levantarse todos los días antes que nadie, acostarse el último y comerse marrones que ni imaginan. Como diría un golfista americano: “Cuanto más entreno, más suerte tengo.”

En la empresa, como en la fragua, no hay magia. Solo fuego, martillo y madrugones. Y sí, en casa del herrero amanece más temprano, porque el sol no espera a los que sueñan: solo alumbra a los que trabajan.

¡Se me tecnologizan!

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