El Capitán Ferri al mando de su nave empresarial.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre el capitán Ferri y su nave empresarial, publicado el 18 de abril de 2025.
¡Ey, tecnófilos!
¿Qué está pasando por ahí?
Frente al universo infinito que es la empresa, y con esta imagen galáctica a mis espaldas, no puedo evitar sentirme como el mismísimo Capitán Kirk en el puente de mando del Enterprise. Pero no en una nave estelar cualquiera, no señor: estoy en la cabina de mando de mi nave, la empresa, con todos sus sistemas encendidos, sus motores rugiendo y su tripulación lista para surcar las galaxias del mercado. Aquí, donde cada decisión importa, cada rumbo se calcula, y cada misión tiene el riesgo de acabar en éxito… o en catástrofe.
Soy el Capitán Ferri. Y al igual que James Tiberius Kirk, no navego por placer, sino por propósito. Vamos a intentar aprender algo.
La empresa como nave estelar
En Star Trek, el Capitán Kirk se enfrenta cada día a lo desconocido: planetas inexplorados, razas hostiles, dilemas morales, decisiones de vida o muerte. ¿No es eso exactamente lo que hacemos los empresarios cada día? Nos enfrentamos a lo incierto del mercado, al cliente exigente, al proveedor que no cumple, a la administración que regula como si fuéramos criminales, y a la competencia que a veces juega con reglas propias de la mafia ferengi.
Y aun así, como Kirk, debemos tomar decisiones firmes, rápidas y con información incompleta. No vale dudar ni titubear. Como él, tenemos que tener la capacidad de improvisar cuando el plan A falla, y también cuando el B, el C y el D se van por la borda.
Los valores del capitán (y del empresario)
- Diligencia: Kirk nunca deja una misión a medias. Cuando se compromete con una causa, con una tripulación o con un objetivo, va hasta el final. El buen empresario, el verdadero líder, no deja que los problemas se pudran ni que las decisiones se posterguen indefinidamente. Se actúa. Se ejecuta. Se corrige si hace falta. Pero se actúa.
- Determinación: Una palabra hermosa. Cuando la nave está bajo ataque, cuando el enemigo es más grande y tiene mejores armas, Kirk no se esconde. Da un paso adelante. Eso hacemos nosotros cuando la inflación nos ahoga, los bancos nos cierran el grifo, y la competencia intenta destruirnos bajando precios. Resistimos. Analizamos. Y atacamos.
- Lealtad a la tripulación: Kirk cuida de los suyos. Sabe que una nave sin su equipo no es nada. El empresario que no comprende esto está condenado a perder. Sin tu equipo, sin tus “tripulantes”, sin esos técnicos, administrativos, comerciales o mecánicos que se levantan cada día para que tu empresa no se estrelle contra un meteorito… no eres nada. La lealtad, ya lo sabes, es la virtud más importante.
- Curiosidad por lo nuevo: ¿Y qué me dices de la frase icónica? “Explorar nuevos mundos, buscar nuevas formas de vida, y nuevas civilizaciones…” El empresario tiene que tener esa hambre de descubrimiento: nuevas tecnologías, nuevos mercados, nuevas oportunidades. El que se queda en la comodidad de la órbita, acaba apagando los motores.
Navegando en la tormenta
He vivido crisis que podrían haber partido en dos la Enterprise. La del 93, la del 2008, la pandemia… Y ahí estaba yo, como ahora, sentado en mi silla de capitán, con los sensores a tope, las pantallas iluminadas y los motores al 15% de capacidad. Pero no nos rendimos. Nunca. Porque como Kirk, sabemos que el futuro no es algo que nos pasa, sino algo que construimos. Con audacia. Con estrategia. Con cojones.
Ser empresario: una misión de cinco décadas
Mi misión no es solo ganar dinero, aunque eso, por supuesto, va en el paquete. Mi misión es crear valor, dar empleo, innovar, aportar, resistir, y a veces —las más bellas— inspirar. Porque como decía el viejo Spock: “El bien de muchos, pesa más que el bien de uno solo.”
Mi tripulación lo sabe. Mi empresa es mi nave. Mi despacho es mi puente de mando. Y cada cliente satisfecho es una estrella más en la galaxia de lo posible.
Así que cuando alguien me pregunta si no tengo miedo del futuro, de la IA, de las nuevas generaciones, de la incertidumbre… les respondo con una media sonrisa y un dedo sobre el panel de mando:
«Capitán Ferri al mando. A máxima velocidad, y sin miedo. Engage.»
¡Se me tecnologizan!
