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Club Financiero Atlántico

Pasas por delante y te parte el alma.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre el final del CFA (Club Financiero Atlántico de A Coruña), publicado el 9 de marzo de 2025.

¡Ey, tecnófilos!

Cinco años sin el CFA

Hoy se cumplen cinco años del cierre del Club Financiero Atlántico (CFA), una institución que jamás debió desaparecer. A Coruña, y por ende Galicia, perdió aquel 9 de marzo de 2020 un espacio fundamental para la conexión empresarial, un lugar donde la élite económica podía reunirse, debatir y proyectar el futuro. Sin embargo, en vez de ser un bastión del progreso, terminó convirtiéndose en un monumento al fracaso de quienes, en lugar de servir a la causa, se sirvieron de ella. Y aquí estamos, cinco años después, viendo cómo en el lugar donde se levantaba una institución de referencia, ahora se va a erigir un MERCADONA. Un símbolo, si se quiere, de la mediocridad y de la falta de ambición.

Mis comienzos en el CFA

Recuerdo mi ingreso en el Club Financiero Atlantico con apenas 29 años. Los comienzos fueron duros. Nadie me prestaba atención, nadie se interesaba por aquel joven empresario que intentaba abrirse camino en un entorno repleto de nombres de abolengo y de círculos cerrados. «¿Quién es ese chico que pulula por aquí?», debieron preguntarse muchos. Y no sin cierto desdén. Pero en medio de aquella atmósfera de exclusión y jerarquías establecidas, hubo empresarios que, además de exitosos, eran buenas personas. Gracias a ellos encontré mi sitio y acabé integrándome. Poco a poco, participé en todos los foros y, con el paso de los años, puedo decir con orgullo que llegué a ser apreciado, incluso querido.

Esa experiencia me dio la fuerza y la determinación para impulsar el Nordés Club Empresarial , un proyecto que, con la ayuda de un puñado de empresarios, logró seducir a más de doscientas empresas para sumarse a la iniciativa. Porque la colaboración es la clave del crecimiento. Y, sin embargo, el CFA se hundió precisamente por la ausencia de esta colaboración. No por falta de recursos, sino por la ineptitud y la falta de visión de quienes tuvieron en sus manos el destino del club. No se trataba solo de dirigir, sino de comprender la responsabilidad de liderar una institución como aquella. Y fracasaron. No por falta de oportunidades, sino porque su mentalidad no estaba a la altura de la tarea.

Galicia y su incapacidad para unirse

Pero la culpa no es solo de quienes gestionaban el club. También hay responsabilidad en aquellos empresarios que, siendo socios y usuarios del CFA, pudieron haber hecho algo y no movieron un dedo. Galicia tiene un problema serio con la unidad. Nos cuesta trabajar juntos, nos cuesta remar en la misma dirección. Preferimos separarnos, envidiarnos, alimentar pequeñas rivalidades en vez de construir algo sólido y duradero.

El ser humano brilla cuando colabora, cuando comparte, cuando deja de pensar únicamente en sí mismo. Pero aquí, demasiadas veces, las élites destructivas, los oportunistas y los que solo buscan su propio beneficio han sido los artífices de nuestro propio declive.

Un vacío que duele

Cinco años después, el cierre del CFA sigue siendo un golpe difícil de asimilar. Y es imposible no sentir una punzada de tristeza al pasar por su antigua ubicación. Aquel lugar donde se forjaron ideas, acuerdos y amistades hoy es solo un recordatorio de lo que pudo ser y no fue. Un recordatorio de que, cuando las instituciones se dejan en manos de incompetentes o de intereses particulares, el desenlace es siempre el mismo: la desaparición.

Escribo estas líneas con pesar, pero también con la determinación de que no cometamos los mismos errores. Galicia y A Coruña necesitan foros empresariales fuertes, con visión de futuro, donde el talento se imponga a los apellidos y donde la colaboración prime sobre la exclusión. Que el cierre del CFA sirva, al menos, como lección.

¡Se me tecnologizan!

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