Desarrollo Economía
Cortar_arboles_España_soñadora

España: el país que cortó los árboles donde debían trepar los soñadores.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la sociedad actual de España y su carencia para arriesgarse e innovar, publicado el 1 de febrero de 2025.

¡Ey, tecnófilos!

En España, el éxito ajeno no inspira, molesta. Y cuando alguien destaca, en lugar de admirarlo, buscamos excusas para minimizar su logro. Esto no solo desmotiva, sino que refuerza una mentalidad conformista.

Hace unos años, un directivo de IBM dijo algo que, aunque sencillo, resume una de las principales diferencias entre Europa y Estados Unidos: «en Europa no dejáis a los niños subirse a los árboles». Una metáfora que es, a la vez, una denuncia cultural. En nuestro continente, y especialmente en España, hemos creado una sociedad donde el riesgo se evita, la curiosidad se reprime y la conformidad se prima. Y esta mentalidad nos está costando caro: nos encontramos a la cola en la creación de gigantes tecnológicos y empresas innovadoras.

Mientras en Estados Unidos el fracaso es considerado un paso hacia el éxito y los emprendedores son admirados, aquí preferimos caminos seguros, estables, y si puede ser, subvencionados. En lugar de fomentar que los niños experimenten, se equivoquen y crezcan, los sobreprotegemos, les damos respuestas antes de que hagan preguntas y, más tarde, los empujamos hacia empleos estables y sin riesgos, como el funcionariado. Que no se me malinterprete: ser funcionario es una opción digna y necesaria, pero la obsesión cultural por la seguridad mata el espíritu innovador. Y sin innovación no hay progreso.

El Gobierno, lejos de revertir esta tendencia, la alimenta. En lugar de premiar la meritocracia, el esfuerzo y la creatividad, se dedican a crear grupos dependientes a base de subvenciones y ayudas. ¿Por qué? Porque la dependencia garantiza votos. Es más fácil captar voluntades cuando las personas están sujetas a «paguitas» que cuando son autónomas, críticas y ambiciosas. Así, en lugar de fomentar una sociedad de individuos curiosos, capaces y emprendedores, se prioriza la creación de colectivos pasivos y resignados.

    La tecnología y la innovación no florecen en terrenos infértiles. Requieren de un ecosistema donde las ideas puedan surgir, desarrollarse y fracasar, porque de ese fracaso nacen los éxitos. En Estados Unidos, Google, Amazon, Apple o Microsoft no surgieron de la noche a la mañana, sino de mentes que tuvieron la libertad, el apoyo y la ambición para crear algo diferente. En Europa, las grandes ideas tecnológicas se diluyen entre regulaciones asfixiantes, burocracia interminable y una cultura que penaliza el atrevimiento.

      ¡Se me tecnologizan!

      Leave a comment

      Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

      Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.